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¿Qué es la “opción preferencial por los pobres”? No podría dar una mejor respuesta a esta pregunta que la de la V Conferencia del Episcopado de Latinoamérica y el Caribe (Celam), celebrada el año 2007 en Aparecida (Brasil), bajo el pontificado de Benedicto XVI. Resumo del numeral 391 al 405 del Documento Conclusivo de la Conferencia:

Dentro de nuestra preocupación por la dignidad humana se sitúa nuestra angustia por los millones de latinoamericanos que no pueden llevar una vida que responda a su dignidad. Nuestra fe proclama que Jesucristo es el rostro humano de Dios y el rostro divino del hombre. Por eso, la opción preferencial por los pobres, que no es exclusiva ni excluyente, está implícita en la fe en Jesucristo, el Dios que se ha hecho pobre por nosotros, para enriquecernos con su pobreza. Los cristianos, como discípulos y misioneros, estamos llamados a contemplar en los rostros sufrientes de nuestros hermanos, el rostro de Cristo que nos llama a servirlo en ellos. Los rostros sufrientes de los pobres son rostros sufrientes de Cristo. Todo lo que tenga que ver con Cristo tiene que ver con los pobres y todo lo relacionado con los pobres reclama a Cristo: “Cuanto lo hicieron con uno de estos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicieron” (Mt. 25, 40).

De nuestra fe en Jesucristo brota también la solidaridad como actitud permanente de encuentro, hermandad y servicio, que ha de manifestarse en opciones y gestos visibles, principalmente en la defensa de la vida y de los derechos de los más vulnerables y excluidos, y en el permanente acompañamiento en sus esfuerzos por ser sujetos de cambio y transformación de su situación. La Iglesia está convocada a ser abogada de la justicia y defensora de los pobres ante intolerables desigualdades sociales y económicas que claman al Cielo; y dentro de la Iglesia son especialmente los laicos católicos los llamados a promover en los ambientes donde se desenvuelven, sociales, económicos o políticos, los cambios necesarios a la luz de nuestra doctrina social, para crear una sociedad más justa y la consecución del bienestar general sin excluidos. La Doctrina Social de la Iglesia es capaz de suscitar esperanza en medio de las situaciones más difíciles, porque si no hay esperanza para los pobres, no la habrá para nadie, ni siquiera para los ricos.

La opción preferencial por los pobres exige que la Iglesia preste especial atención a los católicos que están a cargo de las finanzas de las naciones, o son empresarios llamados a crear riqueza con justicia y empleos dignos, o políticos que deben crear condiciones apropiadas para el desarrollo económico de los países, a fin de darles orientaciones éticas coherentes con su fe para que actúen en beneficio de todos, especialmente de los pobres. La Iglesia latinoamericana está llamada a ser sacramento de amor, solidaridad y justicia en nuestros pueblos.

Algunas personas defienden demasiado sus espacios de privacidad y disfrute, actuando egoístamente, y se dejan contagiar por el consumismo individualista y la indiferencia hacia las necesidades de los demás. Por eso, nuestra opción por los pobres corre el riesgo de quedarse en un plano teórico o meramente emotivo, sin verdadera incidencia en nuestro comportamiento y en nuestras decisiones. Las obras de caridad son buenas y necesarias, y caracterizan a los cristianos; pero es necesario un compromiso permanente asumiendo opciones y actos concretos que procuren cambios en las estructuras sociales, económicas y políticas con una perspectiva auténticamente cristiana, solidaria y humanista.

El documento conclusivo completo se puede consultar en la web del Celam: http://www.celam.org/aparecida/Espanol.pdf

*Abogado, periodista y escritor.

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