Erick Aguirre
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Desde Lizandro Chávez, no había leído a un autor del Caribe nicaragüense que mostrara suficiente dominio del arte narrativo; especialmente la noción y evidente práctica de lo que en esencia es un cuento literario, cuyas manifestaciones son variables y casi siempre sorprendentes, pero que como cualidades se resumen en brevedad, concisión, lenguaje y habilidad o ingenio para la definición.

Es lo que demuestra Carlos Castro Jo (1960) en su libro El pirata Morgan y otros cuentos (2015); además de una eficaz utilización de anécdotas autorreferenciales o autobiográficas como elementos enriquecedores de la materia ficcional, así como el acierto de utilizar y transformar el ámbito provincial del Bluefields de sus recuerdos en un pequeño universo literario.

Casi siempre hay cierta duda en cuanto al dominio de la ficción cuando a un libro de esta naturaleza se le define desde el título como una reunión de relatos, y no como cuentos, tal como, con propiedad y aplomo, lo hace Castro Jo en este volumen.

Si bien hasta hace un tiempo al cuento se le definía como la narración breve de un suceso imaginario, nuevos autores lo han hecho desembarazarse de los límites que tal definición suponía. Esto nos sugiere que, en la práctica literaria, la imaginación no debe concebirse como algo puro y etéreo, sino como un producto sustentado de cierta forma libérrima en la realidad y la memoria; es decir: genuina materia ficcional.

Eso es precisamente lo que practica y logra Carlos Castro Jo desde el primero hasta el último de estos cuentos: otorgarle estatus ficcional a una serie de anécdotas y recuerdos acumulados; casi todos transcurridos en un marco histórico y existencial tan particular y sui géneris como puede ser el de un migrante ilustrado en el Primer Mundo, sobreviviente de una generación que vivió el drama de una revolución en la periferia.

Son historias reales generadas en un ámbito que, durante el proceso de transformación ficcional, termina por convertirse en un pequeño mundo mítico: la ciudad caribeña de Bluefields y sus barrios emblemáticos. Una ciudad que, de cuento en cuento, se va revelando como un ente vivo sufriendo sucesivas metamorfosis a través del tiempo: ciudad-puerto poblada primero por creoles, misquitos, ingleses, alemanes, árabes y chinos; y luego por sus descendientes mestizos en incómoda convivencia con los invasores del Pacífico.

Si bien las alegorías redundan en la denuncia del poder, los prejuicios, la rigidez de las convenciones sociales y sus formas de manifestación en el ámbito cotidiano de Bluefields y sus habitantes, incluso aquellos que han migrado y eventualmente vuelven a encontrarse con un pequeño mundo mítico añorado y constantemente transformado; el libro también está atravesado por un eje histórico que abarca desde el mediano siglo veinte y su agonía, hasta el albor de la era súper-tecnológica.

Debo decir además que, pese a la simpleza del lenguaje, en este libro Castro Jo también demuestra dominio en el uso de las voces narrativas, así como de los cambios o mutaciones de tiempo y espacio, que las restricciones propias del cuento suelen hacer de difícil manejo, sobre todo para el narrador primerizo.

Es algo que logra con particular eficacia en el cuento titulado En la cacofonía de la noche, que desde distintas perspectivas relata los pormenores de un mismo suceso: la trampa mortal en que cae el Dealer, víctima de una “pasada de cuentas” por drogas urdida por el Jefe, quien se vale de una bella chica como señuelo. Un cuento que, por su estrategia, me recordó los Fragmentos relacionados, de José Coronel Urtecho.

Nacido en Bluefields, descendiente de chinos y alemanes, Carlos fue protagonista beligerante de la revolución sandinista, que marcó a sangre y fuego el pasado fin de siglo en Nicaragua. Estudió sociología y ahora es docente de Clark College, en Washington. Ha publicado los poemarios Al margen de lo visible (2001), Insomnios y soliloquios (2009) y Tambor de pueblo (2013).

Aprecio nuestra amistad y siempre agradezco los libros que, cuando vuelve por temporadas, me trae como obsequio. Esta vez agregó con modestia El pirata Morgan. Sin duda es de los más valiosos escritores de nuestra generación, lo cual me alegra y me llena de orgullo. Salud.

*Escritor y periodista.

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