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No hay duda que Rubén Darío fue un pensador. No orgánico, naturalmente; pero en sus ensayos y crónicas pueden rastrearse y extraerse muchísimos. Pero aquí,  presento algunos de ellos.

El oficio de pensar: El oficio de pensar es de los más graves y peligrosos sobre la faz de la tierra, bajo la bóveda del cielo. Ir muy lejos explorando, muy arriba o muy abajo, mantiene alrededor la continua amenaza del vértigo, del naufragio o del aplastamiento. Así, la principal condición del pensador es la serenidad.

El anticristo alemán: Conquistó muchas almas; creó el tipo de soberbia humana, o superhumana, aplastando la caridad de Jesús; predicó el odio al doctor de la dulzura; quiso desatar los instintos, los sexos y las voluntades; consiguió un ejército de inteligencias, y su cumplió por él más de alguna profecía. Pero el anticristo alemán está en el manicomio, y el Galileo ha vencido otra vez. 

La higiene moral: La humanidad está enferma. Pero los predicadores de la muerte no miran que es peor el remedio que la enfermedad. No es el desdén por la vida; no es la cirugía espantosa del suicidio lo que cura el mal. Es la higiene, la higiene moral, la necesaria… Ser digno de la alteza humana y merecedor de la bondad divina.

Todo el azul posible: Es obra de bien el no ser los predicadores de la tumba. Bendito sea aquel que siempre anuncia la aurora. ¿Acaso porque sufres tienes derecho a emponzoñar el mundo con tus dolores? Escritores: el primer deber es dar a la humanidad todo el azul posible.

Vencimiento del espacio y del tiempo: Es el arte el que vence al espacio y el tiempo. He meditado ante el problema de la existencia y he procurado ir hacia la más alta idealidad. He expresado lo expresable de mi alma, y he querido penetrar en el alma de los demás, y hundirme en la vasta alma universal.

El inexplicable destino: He cantado el espectáculo multiforme de la naturaleza y su inmenso misterio. He celebrado el heroísmo, las épocas bellas de la historia, los poetas, los ensueños, las esperanzas. He impuesto al instrumento lírico mi voluntad, órgano de los instantes, según la dirección que imprime el inexplicable Destino.

Misión del poeta: Abominados sean los histriones del pensamiento y los apaches de la pluma que prostituyeron la singular voluntad que pudo servirles para elevación de las almas hermanas. La misión del poeta es cultivar la esperanza, ascender a la verdad y defender la nobleza y frescura de la pasajera existencia terrenal.

Las filosofías que dan alas: Todas las filosofías me han parecido impotentes. En cambio, desde Marco Aurelio hasta Bergson he saludado con gratitud a los que dan alas, tranquilidad, vuelos apacibles y enseñan a comprender de la mejor manera posible el enigma de nuestra estancia sobre la tierra.

Definición de la poesía: La poesía existirá mientras exista el problema de la vida y de la muerte. La poesía es la síntesis de una época, la soberana y palpitante expresión de las esperanzas y de los recuerdos, de las esencias y de los ensueños, de los odios y de los amores, de las tendencias y las preocupaciones, de las glorias y los misterios, de un pueblo, de una raza, de una generación.

El poeta verdadero: Los poetas son seres que perturban el común pensar de las gentes, los modos de hablar y hasta las costumbres. El poeta verdadero vive de su propia meditación y la concreción de lo absoluto es causa de inenarrables angustias. El verdadero poeta comprende todas las maneras y halla belleza bajo todas las formas.

El don del arte: El don del arte permite entrar en lo desconocido de antes y en lo ignorado de después, en el ambiente del ensueño o de la meditación. El don del arte es aquel que de modo superior hace que nos reconozcamos íntima y exteriormente ante la vida.

La verdadera salvación de la tierra: El arte, la ciencia, la investigación del misterio humano, la liberación de todos los espíritus por medio de la verdad y de la belleza, he ahí la verdadera salvación de la tierra, de la humanidad entera. Los grandes creadores de luz son los verdaderos bienhechores.

La aristocracia de las ideas: He ahí la gran aristocracia de las ideas, la sola, la verdadera que desciende al pueblo, le impregna de su aliento, le comunica su potencia y su virtud, le transfigura y le enseña la bondad de la vida.

*Escritor e historiador.

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