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Sin duda el papa Francisco, está jugando un rol emergente en el tablero mundial. En tan solo dos años y medio de su pontificado (iniciado el 13 de marzo de 2013), ha logrado concentrar una enorme atención mediática y de la sociedad en general. Es todo un referente y un indiscutible líder espiritual.

Al momento del cónclave que lo eligió, la Iglesia católica estaba sumida en una crisis de referentes, similar a las de la política y los gobiernos; se parecía más a una transnacional con un mensaje evangélico, que a una religión concentrada en los valores, en el pueblo de Dios, en atraer con el ejemplo, con las virtudes que predica y en muchos casos no practica.

El Vaticano, inmerso en escándalos financieros, de pedofilia e intrigas palaciegas, mantenía su férreo círculo de poder a nivel mundial, pero cada día aislado de los problemas de sus fieles y de su propia hueste de clérigos. Un reino afligido por casi los mismos males que los países donde nació la vetusta institución, en Europa.

Francisco se autodefine, como un cura de la calle. Su elección como Papa, lejos de alejarlo de sus prácticas como arzobispo de la Argentina, lo afirmó en estas.

Más allá de los zapatos ordinarios, con los que recorría las calles de Buenos Aires o su negativa a vivir dentro de los muros de oropel del Vaticano; Francisco es un personaje renovador, que promueve el contacto directo con su pueblo, pese a la inseguridad que ello implica y convoca a quienes pertenecen a otras religiones. Un hombre con mentalidad inclusiva.

En un mundo de enormes peligros, él se expone arriesgándose al dejar la protección del papamóvil blindado, prefiriendo su auto gris, lo cual le ha construido una imagen.

Es muy difícil cambiar esa actitud y parece improbable que Francisco tenga intención de hacerlo. El Papa confía en la gente; su singular estilo le da excelentes resultados, consolidando su trayectoria en tal sentido.

Sin embargo, donde más se ha expuesto el Papa, es en sus discursos y declaraciones a los medios. No solo desde las encíclicas papales se expresa un Papa, sino de forma mucho más contundente en su vida cotidiana y en sus permanentes contactos con el mundo, en sus misas y homilías. Francisco no pierde oportunidad de comunicar sus mensajes, su postura es toda una visión que transmite.

Esa mixtura de su vida personal, sus gestos, su renuncia a los oropeles y los íconos del poder terrenal, con su discurso constante y permanente a favor de los más débiles, los pobres, los que protestan y se resisten a la injusticia, en pro de ideales mágicos en un mundo de realismo feroz.

Francisco se fue a vivir al mismo alojamiento donde residen los visitantes que llegan al Vaticano (Casa Santa Marta), donde pernocta, desayuna, almuerza y cena, porque de esa manera habla con los obispos, los sacerdotes y toma el pulso de su iglesia, tal praxis es su método.

Un pequeño cambio fue introducido en las potestades de la otrora todopoderosa curia romana y en particular del secretario de Estado, de que ahora los obispos se dirigirán directamente al Papa, sin pasar por ningún filtro, constituyendo una profunda y radical reforma.

Francisco desafía intelectualmente. Para muchos será la voz de Dios, pero también es la voz de un hombre, que eligió ese camino, ese lenguaje y esas actitudes para interpelar a la humanidad.

En un mundo, en el que nos precipitamos por el tobogán de la decadencia de todos los valores; el papa Francisco sobresale en forma constante, con su discurso y su sensibilidad social progresista, promoviendo valores de hermandad, solidaridad y fraternidad entre los seres humanos; es el mensaje originario de la Iglesia católica, que se fue agotando y dispersando, confundido en los oropeles del poder.

*Abogada y Notaria Pública.

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