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En un artículo anterior afirmábamos que el lugar en que se originan y generan los valores, los antivalores y por lo general los comportamientos sociales es en el seno familiar, ese lugar de socialización y encuentro de padres y madres, hermanos, tíos y abuelos. Las escuelas, igual a las paradas de buses, los lugares de trabajo o los centros de prácticas religiosas, son los lugares en que se expresan y ponen en práctica los mismos, y en su propia dialéctica, se enriquecen, expanden, profundizan, perfeccionan y convierten en hábitos sociales, usos y costumbres, en suma, en eso que llamamos cultura nacional, o sea la manera de ser de una sociedad históricamente determinada.

Muchos nos preguntamos, porqué tanta basura en causes, calles, cunetas, carreteras y en todos los espacios públicos. Tantas campañas, tanta propaganda en favor de lo sano, lo bonito y del buen vivir, pero nada. Mil esfuerzos y dinero del Gobierno de la República y las alcaldías, pero como si nada. No se produce el cambio social frente a lo sucio y lo feo.

Todo se inicia en la casa. Quien aprendió a ser limpio en su casa, en y con su familia, va a ser limpio en la calle y en todos los espacios fuera de la casa. Va a ser limpio siempre. Cuando ese niño de hoy aprende a ser limpio en su hogar, mañana --cuando forme familia en el futuro-- seguramente enseñará a sus hijos a ser limpios. Así funciona el proceso de reproducción social. Las virtudes del buen vivir que se aprenden en la casa, serán mañana las virtudes del buen vivir en las prácticas ciudadanas de todos en todos los lugares.

El tema de la violencia en la escuela o bullying es igual al de la basura, no se origina en la escuela, pero se manifiesta en ella, igual en otros espacios de la vida social. Su lugar de origen es el mismo: la familia. Múltiples estudios de casos sobre este tema a nivel internacional, demuestran la relación existente entre conductas agresivas de algunos estudiantes y la precariedad del estado de las relaciones intrafamiliares en sus hogares.

Un actor social que subrepticiamente está presente en la vida familiar y que contribuye a legitimar las relaciones violentas en los senos familiares es la televisión.

En efecto, muchos canales de televisión, ahora acompañados de algunos ingredientes cibernéticos, conjuntamente con la ausencia de familias educadoras, van a ir conformando un sistema en el que los antivalores surgen como hongos, y van a expresarse en comportamientos no deseables entre los que sobresale la violencia en todas sus manifestaciones y colores. Las telenovelas sobre narcotráfico y las series y películas explícitamente dedicadas a promover la violencia, presentadas en todo el dial televisivo desde las cinco de la tarde, van a ser un contribuyente decisivo en la forja de comportamientos violentos, especialmente en la población infantil y juvenil. Después estas conductas pasan intactas, sin ninguna mediación, a las aulas de clase y espacios escolares.

En Nicaragua, en las escuelas los maestros enseñamos y promovemos las buenas relaciones entre los estudiantes, “aprender a convivir” es uno de los cuatro pilares de la educación, no obstante, cuando los estudiantes después de clases retornan al seno familiar y encienden el televisor lo que aparece en la pantalla es sangre, gritos y violencia, en especial noticieros televisivos y radiales cuyo énfasis es la violencia intrafamiliar.

En este orden la lucha contra el bullying, a la vez que debe ser permanente e ir más allá de una campaña, de cara a crear tenazmente una cultura de paz y tranquilidad en las escuelas y la sociedad, debe involucrar a todos los actores creadores y diseminadores de valores, esto es: las familias, las escuelas y los medios de comunicación en especial la televisión. Si uno de ellos no asiste a este esfuerzo es poco lo que podemos hacer los maestros en las escuelas. Así de simple.

*Secretario Permanente de la Comisión Nicaragüense de Cooperación con la Unesco.

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