•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

A los mitos los envuelve el éxtasis de la fantasía, una conexión hiperrealista que los coloca en el lado neblinoso de lo creíble. Pero en el caso de los 43 normalistas desaparecidos de Ayotzinapa, hace un año, las circunvalaciones que se le han hecho a la versión oficial nos demuestran cómo las circunstancias sociopolíticas y militares han deformado el hecho desmesuradamente hasta convertirlo en un apesadumbrado relato que siempre tiene el mismo fin.

En las desapariciones existe una ley: nunca nadie ve nada. Pero lo que sorprende del hecho en Iguala es que sí hubo muchas personas que lo presenciaron, varias de ellas pertenecientes a instituciones gubernamentales y a las que les aconsejaron ni siquiera acercarse. Un testigo --el que más cerca estuvo-- fue el soldado Eduardo Mota, quien en declaraciones a la Procuraduría de México expuso que la inteligencia del Ejército mexicano estaba al tanto del hecho en tiempo real.

Mota vio cuando el bus en que se movilizaban los estudiantes fue detenido por la Policía Municipal y luego conminados a rendirse. En el acto fueron acribillados dos estudiantes que se opusieron, como ejemplo para que los normalistas cimarrones que se dirigían hacia la capital mexicana a protestar se rindieran. Pero la causa de su detención no fue impedir sus protestas, sino que se confundieron de transporte y cogieron un autobús que no les correspondía. El que utilizaba un cártel para trasegar drogas, según versión difundida por la periodista mexicana Carmen Aristegui en una conferencia que ofreció hace un mes en Managua y a la que había llegado un panel de investigadores independientes.

El amanecer descubrió, para una patrulla del ejército enviada a investigar el “asunto”, el cadáver sin piel y sin ojos del estudiante Julio César Mondragón, un acto tan grotesco que hasta los mismos militares --familiarizados con las diversas muertes en combates-- sintieron repulsión. Después de informar todo lo sucedido a sus superiores, estos les recomendaron no inmiscuirse en el hecho.

¿Por qué decidieron no ayudar a los estudiantes? El procurador general Jesús Murillo y el secretario de Defensa Nacional, Salvador Cienfuegos, sostienen que la ley impide a los militares actuar fuera de sus cuarteles si no es bajo petición de la autoridad civil, algo que no ocurrió esa noche. Unas declaraciones que ofenden y rozan con la inmoralidad y la deshumanización. Pero así ocurrió.

Las versiones sobre el destino final de los normalistas superan, incluso, las inimaginables cotas de epicidad. La difundida por el gobierno es simplemente dantesca. Explica que los estudiantes una vez detenidos por la Policía de Iguala --que trabajan con el crimen organizado--, fueron entregados a sicarios del cártel al cual pertenecía el bus “atrevidamente” secuestrado por los estudiantes. Fueron llevados a un vertedero donde los mataron asfixiándolos, torturándolos y a quienes les fue mejor, ultimados a tiros. Posteriormente, incineraron sus restos y convertidos en polvo los huesos a martillazos, para luego tirar, en una especie de rito a la desaparición sin pistas, estas cenizas a un río.

Borges o Poe lucharían por resucitar solo para escribir este cuento. Porque la investigación independiente demostró que para que 43 cuerpos humanos sean reducidos a cenizas se necesitaría un fuego enorme, visible y perdurable muchas horas, lo que hubiese generado un gran incendio al que hubiesen acudido los cuerpos de seguridad y socorro. Pero entonces ¿qué les pasó a los de Ayotzinapa? Aún se investiga.

Mi esposa me preguntaba días después de la desaparición de los estudiantes, por qué todo el mundo estaba tan alarmado si en otros países ocurrían más muertes en un solo día. Yo le contesté que cuando un país desaparece de esa forma a sus maestros, los que nos enseñan a ser personas, se convierte en un Estado fallido. Esa noche, cuando nos reunimos en la sala a ver las noticias y cenar, le pregunté: ¿Elli, escuchás eso? No, contestó ella. Es un eco de gemidos que viene siempre de noche a decirnos a la conciencia que 43 normalistas mexicanos siguen desaparecidos.

*Periodista.

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus