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La calidad de Salomón de la Selva como poeta en inglés de toda una vida --negada por JCU en 1969-- se demuestra en la obra An Unknown Songster Sings / Un bardo desconocido canta (2015), obra bilingüe, obviamente meritoria, editada por la Academia Nicaragüense de la Lengua. Yo, como salomonista y proveedor de algunos de sus textos, felicito a su compilador Luis M. Bolaños Salvatierra y a la Academia por ese rescate.

Entre esos textos figuran dos que considero muy significativos: “Los conquistadores” y “Nicarao y su lengua altiva”. Traducidos ambos por Luciano Cuadra Waters y Noel Sevilla Siero, se publicaron en reportaje especial de La Prensa el 5 de noviembre de 2007. He aquí el primero:

Alejandro se movía armónicamente como un dios, de manera rítmica, en hexámetros perfectos. Sus columnas arrasaban pueblos y ciudades en Asia, porque no había ninguno que soportarse su poderío. Le habían erigido estatuas para que su rostro joven quedase reflejado en las sagradas aguas del Ganges y, más tarde, para perennizar su gloria.

César, cuando tuvo la edad de Alejandro, se echó a llorar porque aún no había conquistado el mundo. Admira en sus retratos marmóreos la bien formada cara, las pobladas cejas, las fosas nasales que respondían a cada capricho, la boca de forma exquisita y el mentón firme y fino.

Napoleón, quien heredó y traicionó la libertad, también es enaltecido como un héroe. A él lo coronan con laureles. Lo mismo se hará con Hitler. Adolfo puede ensordecer el planeta con elogios de sí mismo.

La historia ama a los conquistadores. Pero yo afirmo que Alejandro era un hijueputa (sic.), y también Napoleón. Y también lo es y será Hitler. Yo admito la posibilidad de su victoria, ya que su astucia y crueldad superan las del griego y el romano. Y porque otra vez en el tiempo las causas nobles se pierden y las realmente magnas son derrotadas.

Pero si él triunfa, en la hora de la victoria todavía sostendré que no es sino una escoria modelada en alguna forma de hombre, contaminándolo todo. Paro los días futuros, yo, que he sido profesor en el aula, dono este papel a un estudiante para disertar sobre el poderío de los conquistadores.

“Los conquistadores” data de 1942, cuando aun no se decidía la Segunda Guerra Mundial. Con “Nicarao y su lengua altiva”, también se difundió en el prefacio de la edición de El soldado desconocido (2008), editado por el Festival Internacional de Poesía de Granada. Este último poema data de la misma década de los 40, cuando don Sal fundía la cultura clásica --griega y latina-- con la tradición judeo-cristiana y la herencia indígena americana. Dice: 

Que no exista duda. Fue una lengua altiva la que Nicaragua habló. Expresaba emociones valientes y profundas ideas. Por eso. Solo por eso. Era una hermosa lengua sutil, con palabras forjadas por consonantes que parecían pétalos de orquídeas. Durante muchas generaciones sus padres y los padres de aquel, pensaban y percibían con gracia y gallardía. Por eso. Y solo por eso. // Su lengua jamás resurgirá. Más de cuatro siglos han trascurrido desde que mi pueblo, en esclavitud, sufre en corazón y cuerpo, estéril y embrutecido. Nadie piensa bien. Tampoco noblemente. // Dejad que la lengua quede en el olvido. Pero dadle libertad a mi pueblo para que crezca resplandeciente. Él creará otra lengua más hermosa que la de Nicarao.

Como se ve, no he optado por reproducir las versiones que figuran en An Unknown Songster Sings (realizadas por Moisés Elías Fuentes, Guillermo Fernández Ampié y Luis Bolaños Salvatierra) porque dejan mucho que desear. Así lo demostró una salomonista y experta en la teoría y práctica de la traducción (véase su crítica a fondo “Pajaritos, pelotas y una dama”, Artes y letras, El Nuevo Diario, 4 de octubre, 2015). Me refiero a María Augusta Montealegre.

Por fin, otro rescate a su favor se había acreditado Bolaños Salvatierra: el del primer poemario en inglés, escrito y editado en los Estados Unidos, de un centroamericano: Schooldays rhymes (Fordham, N.Y., Saint John’s College, 1891) del granadino David Arellano Sequeira (1872-1928). Se trata de un folleto de 52 páginas, coetáneo de Azul…, donde revela un equilibrado lirismo romántico de orientación clásica, resultando curioso el título del poema “I love blue”. En agradecimiento y retribución, le obsequié a Bolaños Salvatierra un ejemplar de la edición nicaragüense de Ilustre familia.

*Escritor e historiador.

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