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Resulta muy fácil y peligroso abordar el tema de la violencia en la educación con perspectiva corta de vista. La educación escolar y extraescolar va de la mano en términos sistémicos, por cuanto la escuela, no sólo tiene una agenda específica, sino que la misma está determinada por la agenda del contexto comunitario próximo y de la sociedad en su conjunto. Es la comunidad y la sociedad que ingresan a la escuela en “la mochila de directores, docentes y estudiantes”, sirviendo de contrapeso al currículum prescrito y fortaleciendo el implícito u oculto.

Debe de ser la educación en esencia un encuentro con los valores y capacidades más profundas y necesarias para una vida en plenitud, sana y con valores humanos en correspondencia con una correcta participación y comportamiento ciudadanos.

Por desgracia, cuando se elabora la transformación curricular, la tecnocracia,auncuando toma en cuenta aportes de la sociedad y sus instituciones en general, crea un documento curricular rector pretendidamente autosuficiente y aislado del currículum no escrito que se desarrolla en el aula, el centro educativo, la familia y la sociedad.

Esta visión internalista del currículum y de la educación, acaba reproduciendo en la escuela la endogamia generadora de los mismos vicios que se desarrollan en la familia y la sociedad. Esto como producto del aislamiento, sin vasos comunicantes entre estos subsistemas, dando como consecuencia un currículum y enseñanza alejados de la dinámica social. Así la sociedad con sus bondades y vicios se hace presente en la escuela con actitudes de funcionarios, docentes y estudiantes, gestado un currículum no escrito que se impregna los aprendizajes del estudiantado, acabando por predominar y acallar los aprendizajes pretendidos por el currículum oficial.

Esta violencia, que pareciera estar encarnada en la historia e identidad nacional, sumada a la violencia simbólica y física que se reproducen cada día en la sociedad, ingresa al centro educativo de mil maneras y rasgos. Por ello, pretender acabar con el acoso o bullying escolar, sin penetrar en estas raíces profundas y en quienes son responsables de generarla en el aula, el centro escolar, la familia, los medios de difusión y otras instancias del propio estado, sería como construir castillos en el aire.

Mal haríamos en pretender eliminar sus consecuencias en la escuela, sin identificar, controlar y tratar de superar los núcleos sistémicos generadores de sus causas. Sería como eliminar las ramas de la planta sin eliminar o cortar sus raíces.

Varios causales de la violencia confluyen y se refuerzan entre sí de forma compleja, pudiendo explicar, en gran medida, que cada vez más algunos estudiantes en los centros educativos se impliquen en eventos de acoso escolar. Por una parte, la violencia vivida en la familia es perniciosa en las consecuencias que genera en estos estudiantes. Si a esta añadimos la violencia simbólica que escuchan y observan en los medios de difusión, el refuerzo es evidente. Más aún, cuando estos estudiantes observan actuaciones policiales y entre grupos por razones diversas, sumado a la violencia simbólica que ejercen con tanta facilidad partidos políticos y líderes gubernamentales, no cabe duda que la mesa está servida para niños y adolescentes.

A ello se suma la violencia pedagógica que frecuentemente se desarrolla en el aula, con maestros que violentan fácilmente, de forma simbólica y en algunos casos físicamente con imposiciones, reproches, calificativos, etc. En consecuencia se percibe un efecto nuevo: son estudiantes los que violentan verbalmente y con amenazas a docentes cuando estos les demandan disciplina, responsabilidad, respeto, etc.

Tomando en cuenta estas manifestaciones sistémicas, no cabe duda que el bullying entre estudiantes no es más que el producto de un conjunto de causales que se entrecruzan y refuerzan, estando presididas por una gestión educativa no participativa sino impositiva, sumado al mal ejemplo de actores educativos que acaban intoxicando las relaciones humanas y el clima psicosocial.

Este aprendizaje estudiantil, callado pero efectivo, no es sino el producto de una acción educativa contradictoria llena de órdenes e imposiciones que violentan la conciencia del alumnado, creando un currículum oculto alternativo al oficial, sumado al efecto de una sociedad que se debate, también, ante actitudes revanchistas en respuesta a su interés por construir ciudadanía con actitudes democráticas guiadas por principios y valores. Necesitamos superar este bullying colectivo que envuelve a la sociedad y sirve de contraejemplo a la educación del país.

*Director del IDEUCA y coordinador del Doctorado en Ciencias Sociales y Humanas.

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