Orlando López-Selva
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La crisis en Siria no podría estar peor. Tiende a convertirse en una gran conflagración que desborde las fronteras regionales. Ya hay muchos intereses encontrados. 

Y los únicos que están actuando a gusto,o disgustando a muchos, en ese conflicto, son los rusos. 

El Presidente Vladimir Putin primero envió sus aviones y otros tanques de combate a cumplir una misión. Y ahora está invitando a una conferencia para discutir el problema sirio con Estados Unidos, Turquía, y Arabia Saudí. 

Putin, de formación militar, primero hace la guerra y después recurre a la diplomacia. ¿Actitud o estrategia?

Sabemos que su papel en Crimea deja mucho qué desear. Él dice haber intervenido ahí “para defender las vidas de los ciudadanos rusos y los intereses de su país” (el mismo argumento usado por Washington cuando interviene).¿Es válido ese subterfugio para las potencias? Pero es inaceptable que Rusia se apodere de una parte del territorio de Ucrania por la fuerza. Es violatorio del derecho internacional. 

Sabiendo ya que las cosas están muy encendidas y peligrosas para la región y el mundo, hay que hacer algo para frenar la carnicería en Siria. 

En política toda opción es permisible. 

Muchos analistas y estrategas en Washington estarían diciendo que no se puede confiar en la diplomacia rusa. 

¿Dónde terminan los límites de la desconfianza?

Sería mucho peor no aceptar la invitación para sentarse a dialogar. Sería dejar que lo peor ocurra y permitir que los rusos, si hacen lo inaceptable, se justifiquen diciendo que los de este lado rechazaron una buena oportunidad para encontrar una solución.

Moscú hace lo que debe, aunque no nos parezca bien.  Cualquier otro líder de otra potencia habría aprovechado la  oportunidad para actuar en un conflicto donde un aliado mayor esté en riesgo-siendo Siria aliado desde hace medio siglo. Y sabiendo que este escenario es geográficamente cercano. Esta es la parte de la política donde abstenerse resultaría carísimo. Y donde las preguntas sobre la moralidad del adversario obnubilan la mente y exacerban el orgullo propio. 

El punto es: ¿Por qué seguir lo que mi adversario dice, si lo considero moralmente errado, asumiendo que mi postura tiene mayor sustento en los valores democráticos y humanitarios?

Antes Obama se había frenado de actuar. ¿Pero Washington no pudo idear otra alternativa que no fuera la militar?

Putin ha demostrado tener más iniciativas que Obama en esta crisis siria.Por eso los líderes republicanos  lo destrozan en los medios norteamericanos.

¿Obama fue cauteloso o temeroso?

Y ciertamente no es decente que quien sí se tomó la libertad de intervenir en la crisis siria bombardeando a los rebeldes, a los que llama “terroristas” (para ayudarle en la guerra a Bashir Al-Assad, atacando posiciones de los opositores), hoy, esté muy orondo, invitando a dialogar a los interesados, con un aire de “pacifista y noble componedor”.

Mientras Occidente acoge a los más débiles del conflicto sirio; Moscú arma y respalda a Al-Assad. 

¿Cinismo o arrogancia?

Ambos. Pero también hay mucho de realismo político. Porque cuando Washington decidió guardar las bombas que intentaba lanzar sobre el territorio Sirio, arreculó, habiéndose dado cuenta que: 1) no tenía plan de contingencia; 2) el Kremlin le estaba diciendo qué cosa hacer; 3) y que, al dejar ese vacío, Putin, presto y feliz, podría llenarlo, con cualquier propuesta, por muy disparatada que fuere.
¡Grave error de los experimentados y astutos halcones de Washington! 

Pero Washington podría pedir una recomposición de la reunión a la que fueron invitados para incluir a Siria misma, la Unión Europea y la ONU; y cambiar el lugar del encuentro. Porque si hay acuerdos, tendría la ventaja de contar con votos favorables para la toma de decisiones. Y si nada resultare, que la ONU  prosiga con las acciones diplomáticas, liderando toda iniciativa. 

¿Por qué China calla? ¿O espera imperturbable, atisbando al futuro con sus ojos callados? 

Si el tiempo pasa, será mayor el calvario del pueblo sirio. Y mayor el peligro de que el conflicto se propague. 
Hay que escuchar la propuesta de Lebrov. Hay que oír a los diplomáticos turcos y sauditas decir lo que sienten, piensan y avizoran. No podemos vivir sobre el filo de la inmolación.

Además que únicamente Vladimir Putin puede forzar, confiadamente, a Al-Assad. Si se pierde ese conducto, no habrá manera de presionarlo, jamás, con propuestas provenientes de Occidente. 

¿Hay un tiempo venerable para creer en el que no confiamos? De este lado no están solo los buenos, ni del otro, solo los malos.

 

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