•  |
  •  |
  • Edición Impresa

El pueblo y nadie más es el que legitima, con una participación masiva, una elección democrática. De que si hay o no observación electoral, acompañamiento o como se le quiera llamar, es una discusión mediática a tono con el ambiente electoral que cada país le imprime. La

Declaración de Principios para la Observación Internacional de Elecciones, avalada por decenas de entidades dedicadas a la observación electoral dice en su numeral 1: Las elecciones democráticamente auténticas son una expresión de la soberanía que pertenece al pueblo de un país, la libre expresión de cuya voluntad constituye la base de la autoridad y la legitimidad del gobierno.

En Nicaragua, desde el ciudadano que va a ejercer su derecho al voto hasta los fiscales nombrados por un partido político o alianza de partidos que tenga candidatos inscritos, para ser acreditados por el Consejo Supremo Electoral (CSE), son quienes representan la expresión legítima de la soberanía y la democracia de un país.

Uniones, comisiones, institutos, consejos, de América, Europa, África y de otras latitudes rubricaron hace diez años en Naciones Unidas esta Declaración de Principios que entre otras cosas precisa que las misiones de observación internacional de elecciones deben respetar las leyes del país anfitrión, así como a las autoridades nacionales, incluidos los órganos electorales. Esa misma Declaración tiene otro segmento relacionado al código de conducta que deben mantener estas misiones, en donde señala con toda claridad que deben mantener una estricta imparcialidad de la ejecución de su cometido y en ningún momento manifestar sus inclinaciones y preferencias con respecto a las autoridades, partido o candidato nacional o de cualquier cuestión debatida en el proceso electoral.

El artículo 10 de la Ley Electoral de Nicaragua, sobre las atribuciones del CSE en su inciso 8 dice: Reglamentar la acreditación y participación correspondiente a los observadores del proceso electoral. Nada más. Es facultad del Gobierno de Nicaragua a través de la Cancillería invitar a instituciones locales o extranjeras a acompañar un proceso electoral, el CSE también puede invitar a entidades homólogas o partidos políticos quienes deben ajustarse a las normas establecidas para desarrollar esa función fundamentalmente técnica no de injerencia ni mucho menos. Las invitaciones no tienen nombres ni apellidos. Acá hay grupos locales de oposición que de forma ignominiosa, exigen entregar esa expresión de soberanía y de ejercicio democrático a foráneos disfrazados de observadores electorales.

Hace cinco años, pero igual tiene actualidad, le preguntaron al presidente del CSE, Roberto Rivas Reyes, por qué acompañamiento y no observación, a lo cual respondió: “Este es un término que se ha acuñado en América Latina porque ya pasaron los tiempos en que estábamos gobernados por dictaduras y entonces tenían que venir grandes contingentes de observadores a garantizar que los procesos electorales no fueran viciados y carecieran de transparencia”.

En este sentido, la opinión de la autoridad electoral nicaragüense ratifica no solamente lo que establecen nuestras leyes al respecto, sino que también lo que señala la Declaración de Principios para la Observación Internacional de Elecciones que para que haya idea de qué instituciones la firman les identifico algunas: Centro Carter, Instituto Internacional Demócrata, Centro de Asesoría y Promoción Electoral (Capel), Unión Africana, Instituto Republicano, Instituto Nacional Demócrata, Consejo de Europa, Comisión de Venecia, Asistencia Electoral, OEA y Unión Interparlamentaria, entre otros.

Reitero, invitar a estas u otras organizaciones que se dicen expertas en asuntos electorales, es una atribución exclusiva y un acto soberano de las autoridades de Nicaragua. Recuerdo que el Estado de Nicaragua es soberano, democrático y tiene identidad propia que se gobierna por sus propias leyes y su propia Constitución. Entiendo algunas reclamaciones de sectores de oposición de que es imperativo que haya observación electoral internacional para garantizar, según ella, que haya transparencia y equidad durante el proceso. Comprendo que ese es su papel, hacer oposición negando y rechazando las leyes y reglamentos de su propio país, intentando favorecer a grupos externos para que se conviertan en juez y parte de nuestras elecciones. Lamentablemente tampoco confían en sus propias fuerzas, si es que las tienen, que les garantice el voto.

*Periodista.

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus