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Un muy merecido y sentido homenaje recibió Onofre Guevara López (Nandaime, 11 de febrero, 1930) en su incorporación como miembro honorario, el pasado 15 de octubre, a la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua (AGHN). Mauricio Herdocia Sacasa, Jaime Íncer Barquero, Aldo Díaz Lacayo, Jorge Eduardo Arellano y Roberto Sánchez Ramírez tomaron la palabra, reconociendo la obra del veterano periodista e historiador. Herdocia Sacasa se refirió a los ideales de libertad que han regido fielmente la trayectoria pública de Guevara López; Díaz Lacayo a la productiva y larga vida del recipiendario, calificándola de íntegra, consecuente y vertical. E Íncer Barquero expresó que Onofre ha sido “el intelectual más sobresaliente de la clase obrera en Nicaragua”.

La aportación de Sánchez Ramírez ya fue publicada en la edición de El Nuevo Diario del sábado 17 de octubre. Por mi parte, manifesté que siete obras impresas y miles de artículos se ha acreditado la pluma de Onofre, quien a sus 85 años la mantiene en ristre, en defensa de sus principios y ejerciendo la crítica política --sumado a la perspectiva histórica-- como muy pocos ciudadanos del país. Pero él no es un ciudadano común, sino fuera de lo común: un autodidacta que desde la zapatería como oficio se transformó en ideólogo, en militante disciplinado del Partido Socialista Nicaragüense, en un historiador alternativo y en un consagrado comunicador. Me refiero a su presencia, más que cincuentenaria, dentro del periodismo escrito, con incursiones en el radiofónico y en el televisivo.

Cinco órganos de prensa acogieron sus colaboraciones: Orientación popular, Tribuna, Barricada, El Semanario y El Nuevo Diario; y a la Asamblea Nacional entregó todo su talento, contribuyendo --como legislador-- a la concepción y redacción de la Carta Magna vigente, la segunda de mayor duración desde la conservadora de 1858.

No me extenderé más en esta brevísima semblanza, excepto que registraré los títulos de sus siete libros referidos, todos editados en Managua: 1) El socialcristianismo: su forma y contenido (Imprenta Orbe, 1964), un cuestionamiento --desde la dialéctica marxista-- de ese adversario político e ideológico; 2) El movimiento obrero en Nicaragua / Apuntes para el conocimiento de su historia (Editorial El Amanecer, 1985), en dos tomos; 3) Cómo fue que dijo (UCA, 2001), un manual para mejorar la redacción periodística; 4) Sea moderado tu sueño (CIRA, 2002), su legado como autobiógrafo; 5) Cien años de movimiento social en Nicaragua / Relato cronológico (Nitlapán-UCA, 2007); 6) Volver con el frente marchito (Centro Nicaragüense de Escritores, 2010), y 7) Nicaragua / Mi lectura de su historia contemporánea (Edición personal, 2014).

En todas esas páginas Onofre se presenta con su definida conciencia de clase, y temprana maduración política dentro del activismo sindical y el socialismo partidario; reflejándose de cuerpo entero, como un soldado de la revolución y no creyente en verdades religiosas, pero sí en la importancia de la solidaridad entre los hombres. En fin, como lo que ha sido: el autor de una tesonera labor historiográfica sobre los movimientos sociales del país. De ahí que, en su discurso de agradecimiento, Onofre haya sintetizado y revisado el desarrollo de nuestros dos partidos obreros: el Partido Trabajador Nicaragüense (PTN) y el Partido Socialista Nicaragüense (PSN), y sus luchas contra poderosas fuerzas adversas. En esa línea, señaló el papel del PSN “como penúltimo eslabón de una cadena que culminó con el nacimiento y la hegemonía del Frente Sandinista de Liberación Nacional”, génesis del FSLN dentro del PSN “que ha sido tanto ignorada como negada por la dirigencia y buena parte de la membrecía del FSLN, con un sectarismo, se puede decir, con fallas de origen”.

Además, Onofre agradeció a sus antecesores y compañeros, especialmente a Carlos Pérez Bermúdez, un dirigente con el cual comenzó a relacionarse desde 1945, a sus 15 años, siendo Pérez Bermúdez “el único nicaragüense con el privilegio de haber recorrido todo el proceso, militando en todas las organizaciones sucesivamente, desde una sociedad mutualista, hasta el FSLN, incluso ocupó cargos directivos en el PTN y el PSN”. A Pérez Bermúdez --concluyó Onofre-- “Le guardo un especial agradecimiento por haberme convencido de que yo podía y debía ocuparme de este tema histórico, sobre la base de la documentación que, con su vocación y conciencia de historiador, recopiló durante toda su trayectoria de militante obrero y revolucionario”.

Finalmente, el licenciado Juan Bautista Díaz declamó el prosema de Rubén Darío “Por qué”: pieza de 1892, escrita en San José, Costa Rica, de contenido protestatario y profético.

*Escritor e historiador.

 

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