•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

“Me llamo Luis y tengo 33 años. Mis padres trabajaban mucho porque mi madre tenía un tramo en el (mercado) Oriental y mi padre era contratista, por eso yo me quedaba la mayor parte del tiempo a cargo de mi hermano mayor, pero la verdad es que mi hermano no nos cuidaba a los más pequeños, sino que pasaba en la calle robando o con otros muchachos de su pandilla.

Mi papá se emborrachaba todos los fines de semana y llegaba violento a golpear a mi mamá y a nosotros. Yo me escondía debajo de la cama llorando, porque si me miraba, me alzaba y me tiraba al suelo o nos ponía una hora hincados sobre piedrecillas en el patio de la casa. Yo solo pensaba que cuando fuera grande no iba a dejar que nos tratara así, y cuando cumplí los doce años lo detuve cuando quiso golpear a mi madre con un tubo galvanizado, se lo quité y le dije que si la golpeaba yo le iba a dar con eso.

Desde entonces me agarró más odio y me corrió de la casa. Yo me fui y solo llegaba cuando él no estaba, porque mi madre me daba comida a escondidas. Dormía donde una tía o a veces en mi casa, porque él era mujeriego y no siempre llegaba. Esa infancia me marcó tanto que yo también me volví violento y cuando cumplí los 16 años ya dirigía una pandilla de 170 jóvenes, entre quienes había varias chavalas. Usábamos pistolas, armas hechizas, fusiles y nos enfrentábamos con grupos contrarios casi todos los días y a cualquier hora.

Dos veces me hirieron en esos pleitos y una casi me matan. Me botaron un diente, me machetearon en la espalda y la cabeza, y estuve como tres meses recuperándome. Para entonces, el Ceprev llegaba a mi barrio, pero yo no creía en el cambio de las personas porque la misma sociedad nos había inculcado que éramos una lacra. Yo me creía poderoso, pero cuando estuve a punto de morir comencé a vivir de verdad los talleres de esa organización, porque antes había aceptado participar solo por la comida y la fregadera.

Mi cambio comenzó la primera vez que escuché de verdad cuando nos decían que éramos importantes y que nos querían. Yo pensaba que no valía nada, que los hombres no debían llorar ni expresar emociones y que no tenía ninguna salida porque me había hecho demasiados enemigos. Pero en el taller me di cuenta que al llorar y sacar esas emociones liberaba esa carga negativa que llevaba encima. Entonces fue que decidí hablar con mi mamá y pedirle que me perdonara por todo lo que la había hecho sufrir.

Desde esa vez en que le dije a mi mamá lo que sentía, ella comenzó a besarme y abrazarme, cosa que nunca había hecho, y la relación entre nosotros empezó a cambiar. Yo decidí buscar lo espiritual, entré en una Iglesia y ya tengo ocho años de estar sirviéndole a Dios. De ser un líder negativo me convertí en un líder positivo tanto de la Iglesia como del Ceprev, comencé a dar capacitaciones y apoyé el cambio de todos los jóvenes que pertenecían a mi pandilla.

Por ejemplo, había un muchacho que era adicto a las drogas y desde que lo invité a mi Iglesia y a los talleres del Ceprev ha superado sus adicciones y me lo vive agradeciendo. Creo que he apoyado el cambio de unos 150 jóvenes y eso me emociona bastante. En varias ocasiones he pasado por lugares donde tengo viejos “traidos”, que me vulgarean o me provocan, pero en vez de pelear me acerco a platicar y les pido que me disculpen si en algún momento hice algo que los ofendiera. Así aprovecho también para hablarles de mi cambio y los invito a las charlas del Ceprev y a participar en mi Iglesia.

Guardo una foto mía de los tiempos en que era pandillero, todo malencarado, y cuando la veo siento tristeza por haber perdido mi niñez, mi adolescencia y una parte de mi juventud. Por eso quisiera decirles a todos esos jóvenes que están pasando lo que yo viví, que no tengan miedo de pedir ayuda, ya sea a un familiar, un amigo, una organización o una Iglesia. Hay que darse cuenta de las cosas erradas que la misma familia le mete a uno en la cabeza y pensar en que para cada uno de nosotros hay una oportunidad de dejar la violencia”.

*Directora del Ceprev. La autora recoge testimonios de personas que desean compartir sus experiencias de cambio.

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus