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Un destructor norteamericano --el USS Lassen-- navegó recién en las aguas cercanas al archipiélago chino de Spratly.

La movida fue tomada como una provocación por el régimen chino que incluso expresó “no estar intimidado y estar dispuesto a enfrentar la situación militarmente”.

Esa reacción tiene sorprendido a muchos. Se pensaba que el asunto solo sería un pequeño incidente diplomático. Pero Beijing está muy serio y enojado al ver que en “el mar del Sur de China” un barco de guerra norteamericano navegaba libremente. Hay reclamos de soberanía sobre gran parte del mar del Sur de la China, disputada por Vietnam, Brunei, Malasia, Filipinas y Taiwán. Ello crea una situación tensa y álgida.

¿Qué perseguía Washington al enviar un destructor a zona? El presidente chino Xi Jin-ping había ido, no hace mucho, a Washington. ¿No era una medida imprudente, después que los presidentes de las dos más grandes potencias se habían dado la mano?

¿Error militar o de Estado?

¿En los últimos años, el liderazgo de los Estados Unidos en el continente asiático indica que su influencia ha sido poco fructífera o declinante? Siria, Irak, Yemen, Israel-Palestina, la península de Corea dan fe de las habilidades diplomáticas norteamericanas. ¿El acuerdo de Occidente con Irán le lavará la cara a Washington? Tampoco las cosas han punteado bien en Ucrania.

Hay que ver que esta reacción china sorprende a muchos por su firmeza e ímpetu. Y seguramente, ha puesto a pensar a los aliados de Washington. Estos estarán cuestionando ya la solidez y respeto que el liderazgo de Washington tendrá de cara al futuro, en un nuevo contexto multipolar. Europeos, japoneses, coreanos del Sur y filipinos deben estar preocupados por la determinación que realmente los Estados Unidos tendrían, si estos Estados aliados de Washington fueren agredidos o atacados por China Continental.

Estados Unidos tiene bases militares por todo el mundo. Y ello es una espada de doble filo: para unos es una amenaza a la soberanía de otros países; pero para Washington son las comisarias policiales alrededor del mundo.

Los norteamericanos, muy orgullosos de su liderazgo, ya sienten que están perdiendo influencia, terreno, poder.

El adversario chino al que Washington cortejó discretamente, a principios de los 70, para provocarle celos a la entonces Unión Soviética, hoy ya no lo puede contener. ¡Se ha vuelto insolente y malcriado y amenaza con desbancarlos!

¿Hay irrespeto o esto solo es el roce natural que se da entre potencias?

Estados Unidos ha estado liderando el mundo desde 1945.  Desde esa época no ha habido otro conflicto mundial. Y ahora con la multipolaridad, las nuevas potencias están compitiendo, con mayor ahínco, para ganar espacios, aliados y liderazgo.

¿Le costará mucho a Washington adaptarse a la idea de que dentro de unos pocos años tendrán un estatus igual a Gran Bretaña o Francia, que fueron potencias, pero ya no pueden crecer más?

Nadie quiere ser visto de menos. Pero ¿cuánto puede durar un imperio si con la democracia y el capitalismo, las oportunidades de desarrollo son más amplias y más rápidas que hace un siglo?

El catecismo que los Estados Unidos pregonaron por el mundo ha sido el que hoy les está pagando mal.

Posiblemente, las nuevas potencias, no necesitarán grandes extensiones territoriales, pero sí alta tecnología. O tal vez solo se dediquen a conquistar otros planetas; o controlen a la humanidad por medio de chips implantados.

China no puede derrotar militarmente a Estados Unidos, por ahora. Pero su crecimiento económico porcentual es más rápido que el de la potencia norteamericana.

Tampoco hay que olvidar que India, en cualquier momento, podría irrumpir intempestivamente, intimidar. ¿Cómo sabremos que India no desafiará también a Washington?

El evento recién ocurrido en mar del Sur de China nos muestra que el orden mundial cambia vertiginosamente, aunque no nos guste. El poder crece de mil maneras. China no tiene que ser una democracia plena para alcanzar a Estados Unidos. Bastan solo sus superlativas cifras comerciales, su ímpetu emprendedor, y su cultura milenaria.

Si hay un campo en el cual Washington mantendrá la supremacía por algún tiempo es en el marketing comercial, la tecnología y las invenciones. Es el mayor generador de progreso y desarrollo científico. Pero se han rezagado en cuanto a viajes al espacio.

¿Cómo se sentirán en Washington sabiendo que otros le irrespetan y que pueden ir más lejos en el corto tiempo?

De acá en adelante, ¿cómo enfocarán los norteamericanos sus políticas frente a adversarios muy grandes y fuertes, que incluso, puedan intimidarlos?

*Máster en asuntos públicos e internacionales.

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