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Para resolver los problemas y las diferencias, el camino es el diálogo (no el monólogo), la negociación, los consensos. Y no la violencia. Y sobre todo el ejemplo de no violencia desde las familias, las escuelas, las iglesias, la empresa privada, las organizaciones de la sociedad, los medios de comunicación, los partidos políticos, las instituciones del Estado.

La violencia es la acción de utilizar la “fuerza” y la “intimidación” por distintas vías para alcanzar un propósito. Se manifiesta en conductas o situaciones que, de forma deliberada, aprendida o imitada, provocan o amenazan con hacer daño o sometimiento grave (físico, sexual, verbal o psicológico) a una persona o a una colectividad o los afectan de tal manera que limitan sus potencialidades presentes o las futuras. Puede producirse a través de acciones y lenguajes, pero también de silencios.

Se trata entonces desde esa perspectiva, de:

La violencia de padres en contra de hijos y de ellos en contra de su padre y/o de su madre. La violencia de docentes en contra de estudiantes y estos en contra de docentes. La violencia entre niños y niñas, entre adolescentes, entre jóvenes. La violencia que en general es de hombres en contra de mujeres. La violencia intrafamiliar, las violaciones, el abuso sexual.

La violencia que generan personas en contra de otras personas o grupos en contra de otros grupos por control de territorios, de drogas, por dinero, por adueñarse de propiedades, de bienes materiales o destruirlos, o por asuntos gremiales, sindicales, políticos o partidarios, por asuntos económicos, de poder.

Las imágenes y lenguaje de violencia que se transmiten y promueven desde medios de comunicación.

La violencia en partidos políticos que sancionan y expulsan por tener criterios propios, la violencia en organizaciones de la sociedad por espacios de poder, la violencia desde iglesias que excluye por temas hoy en revisión. La violencia desde la empresa privada cuando no se garantizan y se violentan derechos de los y las trabajadores.

La violencia que se genera con las desigualdades profundas: miseria-pobreza-hambre y abundancia-despilfarro-opulencia.

La violencia de instituciones, de poderes del Estado, al reformar Constitución y leyes de la República, aprobar nuevas leyes y decretos o incumplir leyes, para negar o restringir espacios, derechos individuales, derechos políticos, derechos sociales, derechos de la familia, laborales, derechos de las comunidades de la Costa Caribe. Es decir, derechos constitucionales, derechos humanos.

La violencia que privilegia, discrimina y excluye por pertenecer o no a un partido político; por una opción religiosa, sexual, raza, por tu condición física o económica.

Toda esa violencia, unas veces se expresa en bullying en las escuelas, otras veces hiere en las familias, en las calles, en centros de trabajo, otras veces mata el cuerpo o el espíritu. O al menos lo pretende.

Son todas esas manifestaciones de violencia, todas sin excepción, las que hay que combatir, las que hay que erradicar; todas y todos juntos, para una paz duradera, para una seguridad ciudadana y soberana sostenible.

Sino, el círculo continúa. Ahí está la historia lejana, y presente.

*Investigador colaborador del Ideuca.

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