Jorge Bautista Lara
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¿Cómo escucharnos nosotros mismos, si no somos capaces de guardar silencio? Si no hacemos silencio. En una alusión de Lao Tse se cuenta un ejemplo que él daba sobre la arcilla antes de trabajarla. La arcilla es una masa completamente informe, y el ser humano es quien le da la forma. De ella, de su material, se trabajan las vasijas con el interior vacío que las hace útil. De manera que si la vasija de arcilla no tuviere en su interior ese espacio para depositar líquido, no nos resultaría de la utilidad que se pretende. En otra explicación, se repite el ejemplo, pero esta vez haciendo referencia a las puertas y ventanas de una casa, espacios vacíos que hacen habitables las estancias. Y es de ese vacío que nos llega el beneficio. Su utilidad está nuevamente en el vacío.

Existe una canción en inglés de Simon & Garfunkel, titulada The sounds of silence (Los sonidos del silencio). De sus versiones en español aprecio la que canta Sergio Denis: “Vieja amiga, oscuridad, otra vez quisiera hablarte, porque he tenido nuevamente una visión que suavemente iba cambiando mi manera de pensar; la oigo hablar, la escucho en el silencio… la veo en el silencio... vi mil personas, tal vez más gente, que hablaba sin poder hablar... oía sin poder oír, y un sonido que los envolvía sin piedad... Entonces yo les quise hablar, entonces les quise ayudar, quise sentirlos como hermanos, quise tomarlos de las manos, pero no podían, no podían despertar, ni entender de un día en el silencio…”.

Pasa que la palabra para escucharla debe rodearse de silencio. ¡Las mismas aulas de clases se han llenado de tanto ruido! Cada vez resulta una tarea más titánica para los profesores en las escuelas, centros de enseñanza y universidades, lograr que el alumnado se desconecte de sus celulares y entre en la bella aventura de aprender; cada vez es más frecuente ver y encontrar en los restaurantes de todas las categorías, grupos que están sentados en torno a una mesa y ninguno presta atención al resto, conectados a sus celulares. Es decir, estar sin estar.

Contaba en una ocasión un pasajero de un bus, que luego de pagar su pasaje y sentarse, se sintió aturdido no tanto por el tipo de música sintonizado en los parlantes, al gusto del conductor, sino volumen. Entonces se dirigió con educación al conductor y pidió regular el volumen. El conductor respondió tan agresivo, que el pasajero optó por tolerar hasta su parada. Un derecho al silencio que se nos pierde desde que salimos de nuestras casas para el trabajo o estudio. Y que repetimos al regresar por las tardes.

Nos falta tanto tener compasión de nosotros mismos, y darnos ese espacio de silencio que nos permita encontrarnos. Un momento en el día o la semana dedicado a nosotros mismos, a cada uno, a cada quien y en cada quien de la propia familia. Pues cualquier decisión, sobre todo aquellas que nos son trascendentes, requieren de ese vacío de ruido, del silencio de las vasijas, para llenarlas de nuestras reflexiones que nos permiten tomar las decisiones más adecuadas una vez que nos encontramos con nosotros mismos, una vez que valoramos los extremos de las consecuencias en las decisiones a tomar.

¿Cuántas cosas haríamos de mejor manera en nuestras propias vidas, si asumiéramos las decisiones en un espacio de silencio? Porque la verdad es que nuestro silencio tiene el sonido de nuestras propias voces, que asfixiamos en tanto ruido. Un sonido propio que solo puede ser conducido y navegar en nuestro propio silencio.

Hoy una fiesta ya no es válida, sino hasta que el sonido ocupa la totalidad del espectro, a niveles que se escuchen en la esquina opuesta, hasta que se marquen las primeras horas de la madrugada. La mayor desconsideración a nosotros, a nuestros vecinos.

Tantas veces pensamos, erróneamente, que es del lleno de las cosas que nos llegan los mejores provechos. Y es que el silencio se nos vuelve cada vez más como el título de la canción de Massiel, una búsqueda de Rosas en el mar. Más hemos de recordar lo que se dice: que es en ese silencio que nos habla Dios.

*Abogado, máster en Derecho Local y catedrático universitario.

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