Erick Aguirre
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Desde Beltrán Morales son pocos entre los también muy pocos críticos de nuestro país que se esmeran o al menos intentan abordar críticamente la literatura nicaragüense desde la práctica del artículo breve, la reseña o el ensayo libre, heterodoxo.

En tiempos en que el ensayo literario se ha vuelto --valga la redundancia-- menos literario y más teórico o científico, Víctor Chavarría, aun con su formación literaria forjada en la academia (es Máster en Literatura por la UCA), apuesta en un nuevo libro por la voz personal, que es la voz de quien busca el conocimiento a través de la “objetividad subjetiva”, es decir, de la apreciación personal y del acercamiento libre e individual a la experiencia de lectura.

El libro se titula Ventanilla (2015), y en realidad es precisamente eso: una ventanilla desde la cual Chavarría muestra a sus lectores el paisaje que él mismo aprecia en las obras de algunos escritores nicaragüenses y centroamericanos que han llamado su atención. Su conocimiento personal de buena parte de los autores abordados y la apasionada aunque juiciosa comprensión de sus obras, le permiten transmitir con claridad, amenidad y eficacia su experiencia de lector a otros lectores.

Pero en esta Ventanilla Víctor no se dirige precisamente a lectores cautivos, vistos desde la atalaya del iluminado, donde el maestro dicta al discípulo; sino desde la perspectiva amplia y miscelánea de quien comprende que el contagio del gusto por la lectura no se logra reclutando, sino encontrando voluntarios a través de la seducción expresiva, la sencillez y claridad expositiva. 

Podría ser que algunos críticos de juicio muy severo encuentren que algunos de estos textos de Chavarría no respondan al estricto criterio del “ensayo puro”, el “ensayo serio” o el ensayo académico o científico (sin duda todos de meritoria utilidad); sin embargo todos tienen la más importante cualidad de dejarse leer y enseñarnos algo.

Debo recordar además que Chavarría es también autor de libros de poesía y narrativa, entre ellos El hombre invisible y otros cuentos (2013), un mosaico de personajes, lugares y situaciones que muestran de manera vívida el corazón popular de la ciudad de Granada. 

Herederos de una de las tradiciones más auténticas, como es la picaresca, los veintiún relatos de ese libro transcurren en las calles, los mercados, las cantinas, los cementerios, los parques y otros espacios abiertos que son los más propicios para escuchar la rica voz del imaginario colectivo. El autor supo fundir con creatividad las diversas voces de la plaza pública con su propia voz de cronista.

Este año Chavarría también ha publicado otro libro singular: El cuaderno de Cebollín (2015), su segundo poemario, pues su primer libro de poemas fue Manuscrito hallado en una botella (2012), en donde algunos críticos encontraron no solo el eco de Edgar Allan Poe en el título, sino también la auténtica voz poética de un autor nicaragüense de variadas tonalidades pero de una invariable y serena tesitura.

En este nuevo poemario Chavarría demuestra tres cosas. Primero: que su voz es original entre la amplitud, variedad y calidad de la tradición poética nicaragüense. Segundo: que, siguiendo a esta, no le teme al acercamiento con lo cotidiano, con lo que, desde una contra-significación desdeñosa algunos podrían calificar de vulgar. Tercero: que tiene aptitudes literarias para el poema-relato de largo aliento.

La vulgari eloquentia de El cuaderno de Cebollín se manifiesta desde el título. Pero no se equivoque el lector. No encontrará en él retóricas elevaciones. Le sugiero más bien que busque rasgos más familiares entre los títulos y el contenido de los poemas, cuentos y novelas de don Miguel de Cervantes Saavedra, especialmente en sus novelas ejemplares.

Encontrará allí la misma imperecedera vulgaridad con que Chavarría retrata y describe, con descarnada ternura, el reino al que él mismo pertenece: el reino de La Cebolla, comarca entrañable, vecindario fraterno que el hablante recorre cada día con júbilo, recogiendo saludos y alimentando su bitácora.

Es la voz de un paseante que ama su entorno y es devoto de sus gentes. Sin embargo es el rey. Un rey que sueña, como Cervantes, con el alivio de las miserias de los que sufren despiertos.

* Escritor y periodista.

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