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Toda reforma educativa centra su prioridad en el currículum oficial, con la intención de poner al día, desde la misión de la institución educativa, y teniendo como punto de llegada, la visión pretendida.

Este currículum, desde un modelo ecológico, debería tomar en cuenta, no solo describir las capacidades, competencias y contenidos a desarrollar, sino también tomar en consideración los distintos factores asociados que le afectan desde la sociedad y sus condiciones económicas, culturales y políticas, las circunstancias que influyen en el aprendizaje, y las acciones educativas y culturales que propician distintas formas y niveles de aprendizaje.

Este currículum explícito, por tanto, es mucho más que el documento escrito, extendiéndose a la vida que se genera como consecuencia de su propia realización y concreción en el centro educativo.

Sus contenidos culturales y científicos serán más legítimos y pertinentes en la medida que surjan de procesos ampliamente participativos y democráticos en la sociedad, a la vez que más pertinentes, en tanto respondan de forma acertada a las características de cada contexto del país. Eso explica que el mismo deba servir como marco curricular nacional, derivándose de él currículos específicos por regiones o departamentos, los que debieran incorporar sus particularidades culturales, sociales y económicas.

Cuando esta derivación curricular no logra darse, será muy difícil que los estudiantes logren conocer y comprender mejor su realidad regional o departamental, identificándose con ella. Hasta ahora, solo contamos con un currículum general que no logra incorporar estas especificidades, lo que empobrece notablemente los procesos de enseñanza y aprendizaje, y la capacidad del estudiantado de situarse en su nicho ecológico, identificándose con su realidad y aportando a su transformación.

La capacidad de que este currículum logre ser conocido, interpretado y asumido por los maestros que deberán concretarlo en realidades y contextos complejos y diversos, se desvanece, en tanto apenas recibieron una breve capacitación una vez transformado, desvirtuándose gradualmente, en la medida que los técnicos nacionales y departamentales lo multiplican al resto de maestros del país. Al final del proceso, el currículum que logra llegar al aula ha sido desfigurado y desvanecido. Es importante que esta hipótesis que planteamos pueda ser investigada a fondo para que, al final, quienes deben responder por la aplicación del currículum se convenzan que es necesario asegurar que el mismo llegue al aula tal como fue concebido.

Son estas limitaciones curriculares de las que nadie responde ante la sociedad, que generan otros dos currículos: el implícito u oculto, y el nulo.

El currículum oculto o implícito no está escrito. Surge de la falta de comprensión integral del currículum explícito u oficial. En tanto técnicos y maestros no comprendan la integralidad del currículum oficial y lo asuman en su práctica, surgirá un currículum alternativo, el implícito u oculto, representado por el modelaje de antivalores de quienes enseñan en el aula. Así, no es extraño que, en nuestra educación, mientras un maestro enseña valores cívicos exponiéndolos y describiéndolos, es muy posible que con su conducta y actitudes impositivas, despectivas e irrespetuosas hacia sus estudiantes, esté enseñando con su mal ejemplo todo lo contrario. Este currículum oculto opera también desde la sociedad y sus instituciones, en tanto a través de los medios de comunicación niños y jóvenes perciben irrespeto a los derechos y violencia hacia determinadas personas o sectores, mientras su discurso se refiere al respeto, la paz y la conciliación de posiciones.

Las investigaciones realizadas en el campo curricular muestran que el aprendizaje que resulta del currículum explícito es limitado a la par del aprendizaje que se desprende de este currículum oculto, cuyo impacto en la vida de los educandos es mucho más profundo, significativo y resistente al olvido.

Finalmente el currículum nulo es también producto de un currículum oficial, cuando los maestros no están debidamente preparados para abordar determinados contenidos, y ante la ausencia de monitoreo y seguimiento institucional, de bibliografía pertinente, capacitación y actualización sistemáticas, optan por invisibilizar en sus clases aquellos contenidos que no comprenden. Un ejemplo de tantos: es común que maestros de matemáticas que no dominan temas de geometría euclidiana, probabilidad y estadística, y geometría analítica, opten por enseñarlos muy superficialmente, copiando en la pizarra o simplemente dictando.

Una gestión curricular efectiva y asesoría pedagógica auténtica servirían como instrumentos poderosos para fortalecer la aplicación del currículum y contrarrestar y superar los currículos oculto y nulo. Mientras la gestión curricular y la asesoría pedagógica no se estén dando, la calidad no mejorará. Activar estas dos funciones, que han sido debilitadas en la última década, es un requisito imprescindible.

*PhD. Director del Ideuca y coordinador del Doctorado en Ciencias Sociales y Humanas.

 

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