Eddy Zepeda
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Diciembre de este año marca el centenario de la muerte del Dr. Alois Alzheimer, neurólogo alemán a quien se atribuye el primer diagnóstico de la enfermedad que luego llevaría su nombre: la enfermedad de Alzheimer o de la Memoria. Fue Augusta D, su asistente de 51 años de edad, en quien encontró las lesiones características en el tejido cerebral, una vez fallecida.

Olvidar o recordar ¿qué será mejor o en qué momento de nuestras vidas favorece más uno que lo otro? Stress postraumático.

Se conoce así al síndrome o alteración que nos hace recordar un hecho o suceso triste o doloroso, que en algún momento de nuestras vidas nos marcó y se mantuvo guardado, hasta que en tiempos futuros se reactivó al vivenciar nuevamente dicho proceso o fenómeno, causándonos mucho daño y hasta secuelas en terceras personas. Ejemplo son algunas de las masacres en localidades o centros de estudios protagonizadas por jóvenes que vivieron hechos que alteraron su desarrollo personal psicobiológico como guerras, violaciones, abusos, etc.

La ciencia avanza a pasos acelerados, aunque los beneficiarios no sean precisamente quienes la necesitan, sino quienes puedan pagar por ella. Colombia ha producido ya las vacunas que pueden salvar muchas vidas por la enfermedad de la malaria. Cuba investiga y ensaya vacunas contra el VIH-SIDA. ¿Cuántas vidas pueden salvarse con estos logros? Millones. Basta que sean utilizadas con fines benéficos antes que lucrativos.

Francisco Lopera, científico colombiano, acaba de anunciar que en los próximos cinco años es posible contar ya con la vacuna que prevenga el Alzheimer temprano, provocado por el gen Paisa, que afecta a más de 5,000 personas en un departamento de su país, ganándole la lucha al ladrón de los recuerdos. Esperemos que así sea. Pero, ¿también puede ser beneficioso olvidar tanto como recordar? Probablemente sí.

Olvidar lo que lastima, lo que provoca dolor, lo que nos niega la risa, y también recordar lo que nos llena de bienestar y alegrías para compartirlo en convivencia con nuestros seres queridos y con la sociedad en general. Recordar incluso a quienes nos han lastimado mucho y siguen haciéndolo.

El 12 de octubre pasado nos trae a la memoria la desaparición de millones de indígenas por los colonizadores, que todavía siguen tratándonos como seres inferiores. Y los filibusteros de las conquistas que les sucedieron, que siguen subestimándonos como seres pensantes, libres e independientes, sintiéndose perennemente como los catequizadores de las democracias, que solo ellos entienden.

Olvidar y recordar. Ambos se complementan para un equilibrio de nuestra salud mental y general. ¡Que pese más lo positivo siempre! Salud para todos y todas.

*Médico.

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