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Ayer domingo hubo elecciones parlamentarias en la Unión de Myanmar. Antes Birmania --una excolonia británica-- dominada hoy por un régimen militar que parece querer reivindicarse. Desde 2008, los mandatarios autoritarios ahí han querido iniciar reformas democráticas. Ven que ceder para propiciar mayores libertades políticas, derechos humanos y reformas de mercado puede traerles beneficios.

Es un país pobre de 676,578 km2 y 56 millones de habitantes. Enclavado en el extremo occidental de la península de Indochina. Colinda con India, China, Bangladesh, Laos y Tailandia.

Es una dictadura militar que ve como sus vecinos progresan más rápidamente con reformas democráticas y de mercado. Su población mayoritariamente budista está enfrentada a una minoría musulmana, los Rohingya.

Muchos de estos musulmanes han debido huir (se les conoce como “la gente de los botes”). El resto de los birmanos les ven como una amenaza a su cultura, religión y negocios.

Al frente de la oposición está Aung San Suu Kyi, ganadora del Premio Nobel de la Paz en 1991, quien hasta hace unos pocos años sufriera casa por cárcel por 15 años.

Pero esta destacada birmana --diputada parlamentaria-- no podría liderar un gobierno, si ganara su partido las elecciones: la Liga Nacional de la Democracia (NLD). Una ley prohíbe que alguien sea Primer ministro si tiene algún pariente en el extranjero.

El hijo de Kyi vive fuera.

¡Cuánta precisión constitucional represiva!

Cuando se piensa en Birmania, se piensa en el régimen autoritario que poco a poco se abre más a las libertades, la tolerancia a la oposición y el respeto a la ley.

Dos partidos fueron a la contienda electoral: la opositora Liga Nacional para la Democracia (NLD) y el progubernamental Partido del Desarrollo de la Unión Solidaria (USDP), respaldado por los militares, cuyo presidente, Thein Sein, está actualmente en el poder y ha competido frente a una oposición mayoritaria y democrática, tal como lo indican las encuestas.

Si ayer los birmanos votaron masivamente, seguro habrá nuevos retos para el futuro del país. Habrá cambios sustantivos en el orden político, económico y social para encarrilarse en la democracia y otras opciones ideológicas.

Pero si los militares pierden, el asunto sería cómo saber si estarían dispuestos a entregar el poder.

El no hacerlo implicaría que todo fue un impulso insincero, y que en sus mentes solo hubo la intención de simular que se portaban bien, optando por reformas cosméticas. Ello sería un golpe duro a las aspiraciones de los millones de birmanos que están esperanzados en salir de la oscuridad dictatorial de su país. Por lo menos en la península de Indochina, Tailandia, Vietnam, Malasia, Singapur --Estados en transición "inestable" hacia la democracia-- han optado por efectuar reformas más occidentales al sistema de gobierno. Aunque Singapur es la nación más destacada, gracias a su fallecido y visionario líder Lee Kwan Yew. Él legó un modelo de desarrollo ejemplar.

Y si los militares birmanos entregaran el poder, implicaría que tuvieron una reflexión sincera. Algo inusual en esas mentalidades tan ceñidas al poder. ¿Habrán aprendido que es mejor vivir en paz que en conflicto? Sería un acto patriótico y de humildad política.

Estas decisiones son duras cuando quienes tienen que entregar el poder saben que sus deudas políticas son monstruosas, que sus manos están manchadas, y su porvenir, bajo la democracia, sería sombrío y peligroso.

¿La preservación del grupo enfrentado al bienestar común solo puede desembocar en una decisión inteligente a través de la educación y las prácticas democráticas? Solo puede ser incierta la determinación irreflexiva de los dictadores. Pero nunca lo debería ser para los opositores, desde los partidos políticos o la sociedad civil. La libertad, la democracia o la justicia no pueden ser solamente determinadas por los que gobiernan. Hay mucha más gente inteligente abajo que arriba. Los que gobiernan tienden a olvidar sus ideales, antes que a actuar sin instintos de supervivencia o a desechar sus privilegios.

En la península de Indochina varios cachorros sueltos intentan ser como los ya reinantes tigres mayores: Japón, China e India.

Lo malo es que los militares no han crecido en el ámbito de la tolerancia y el pluralismo, valores que apuntalan el necesario consenso para que la democracia se disemine, se profundice y dé frutos en el mediano plazo.

¿Cuánto puede hacer sola la lideresa Kyi por los birmanos, si su fortaleza únicamente es racional y moral? ¿Quién contará los votos?

¿Por qué, todavía, tantos millones de personas viven bajo el poder dictatorial?

¿Cómo será el modelo de democracia asiático?

*Máster en Asuntos Públicos e Internacionales.

 

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