José Pascual Ortells Chabrera
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Darío esperó once meses antes de pronunciarse sobre el tema que más le apasionaba: el modernismo. Debido a que fue Azorín en 1913 el primero en proponer el concepto de Generación del 98 en varios artículos publicados en el ABC, cuando Rubén escribía las crónicas para La Nación no usó esta categoría, aunque dijo de Manuel Bueno que era “un escritor de la nueva generación" y sí se refirió a los principales representantes del 98, en especial a Miguel de Unamuno, “vigoroso pensador”.

En España los escritores modernistas comenzaron a publicar su obra en castellano después de 1900. Fueron: Francisco Villaespesa, Tomás Morales, Antonio Machado en su primera etapa, toda la obra de su hermano Manuel Machado, la poesía de Eduardo Marquina y sus dramas históricos --ya en vísperas de la primera guerra mundial--, y Juan Ramón Jiménez --quien a mediados del siglo XX se opondría al concepto de Generación del 98-- en su etapa modernista, la de las Pastorales y Platero y yo. Los escritores modernistas que formaron parte de la Generación del 98 en un sentido amplio, de acuerdo con la lista de la "generación histórica", elaborada por Julián Marías, fueron: Francisco Villaespesa, Manuel Machado y el Antonio Machado de Soledades.

Por esta razón en noviembre de 1899, Darío escribió: “Constantemente puede verse en la prensa de Madrid que se alude al modernismo”, dando a entender que llamar modernista a un escritor era una forma de desprestigiarlo. En cambio, afirmó que no había encontrado "el menor motivo” para “invectivas” ni “alusiones” al modernismo, como tampoco para “elogios”. De Valle Inclán valoró que "escribe en una prosa trabajada y pulida, de admirable mérito formal", y de Jacinto Benavente escribió: "si piensa, lo hace bajo el sol de Shakespeare y si sonríe y satiriza lo hace como ciertos parisienses"; pero a ninguno de los dos los consideró modernistas. En una crónica anterior, dedicada a los poetas, había dicho acerca de Salvador Rueda que sus poemas más recientes no habían “correspondido” a las esperanzas iniciales de quienes vieron en él a un renovador de “la seca poesía castellana contemporánea”.

Por eso su conclusión era que no había "tal modernismo" y en todo caso se trataba de “una moda que no se comprende”, debida a la vecindad con Francia o Inglaterra. Darío cerró su artículo sobre el modernismo con una frase lapidaria: "En literatura, repito, nada que justifique ataques, ni siquiera alusiones. La procesión fastuosa del combatido arte moderno, ha tenido apenas algunas vagas parodias…" Y agregó una cita erudita y mordaz referida a "Las Metamorfosis" de Apuleyo, sobre un remoto antecedente de los desfiles de carnaval, en el que un anciano parodiaba al Pegaso y Belerofonte, su domador, al desfilar junto a un asno al que le habían colocado las alas.

Por contraste con el modernismo en España, Darío mencionó la situación de este movimiento en Latinoamérica. En el artículo "Los inmortales", dedicado a comentar la labor "inocua" de la Real Academia Española, Darío había incluido una larga cita de Unamuno, que se resume en esta frase:

"Hay que hacer el español internacional con el castellano, y si éste ofreciese resistencia, sobre él, sin él, ó (sic) contra él"...
Este proceso ya lo habían iniciado en Latinoamérica, hacia 1880, José Martí y otros precursores, como el también cubano Julián del Casal, y el mexicano Manuel Gutiérrez Nájera, y -tras la publicación de Azul en 1888-, varios autores jóvenes, además del propio Darío, habían continuado enriqueciendo la literatura modernista latinoamericana: el argentino Leopoldo Lugones, el peruano José Santos Chocano o el mexicano Amado Nervo.

Las razones para que el impulso renovador se hubiera dado en Latinoamérica antes que "en la España castellana" eran "clarísimas" para Darío: la razón más visible era el "comercio material y espiritual con las distintas naciones del mundo", pero "principalmente porque existe en la nueva generación americana un inmenso deseo de progreso". Este deseo de progreso lograría no solo la renovación del idioma y de la literatura, sino la construcción de la identidad latinoamericana:
"Nuestro modernismo, si es que así puede llamarse, nos va dando un puesto aparte, independiente de la literatura castellana”…

*Sociólogo.

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