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Sigue publicando un diario local ataques de Carlos Alberto Montaner contra el papa Francisco. Aunque ahora empieza diciendo que no cree que el Papa sea comunista. ¡Qué novedad! Basta tener dos dedos de frente para saber que no es comunista ni capitalista; es pastor, no político. Pero aceptemos como bueno que este ultraderechista fanático lo reconozca, pues otros despistados todavía lo creen. Montaner se queja de que repita la frase de San Basilio: “El dinero es el estiércol del demonio", y lo critica por afirmar que “el capitalismo mata”. Pero todos sabemos el daño que hace muchas veces el dinero, ¿acaso no se matan entre hermanos y se destruyen familias por su causa? ¿Y por conseguirlo, no se asesina, roba, chantajea y se explota a otros muy frecuentemente? Y sobre el capitalismo, ¿no es cierto que haya situaciones que chorrean sangre debido al capitalismo salvaje?

Dice que “para erradicar la pobreza, o reducirla sustancialmente, hacen falta empresas exitosas que generen bienes y servicios demandados por los consumidores; producto de una combinación de empresarios, mano de obra calificada, las necesidades del mercado, la competencia que mejora la calidad, los recursos disponibles y una sociedad que confíe y aprecie su sistema político, lo cual ocurre mejor donde hay democracia, libertad y respeto a la propiedad”. ¡Totalmente de acuerdo! ¿Y qué? ¿Acaso el papa Francisco está contra esto? ¡No lo está!

Pero como dice el mismo Montaner, “ese proceso de enriquecimiento individual y colectivo (el capitalismo) es imperfecto y está sujeto a catástrofes creadas por el hombre, o a que cambien (para mal) el curso de las cosas”, “el mercado libre es imperfecto y la codicia crea burbujas que devoran grandes sumas de capital”. Si el sistema capitalista es imperfecto, si tiene fallas, si en el capitalismo surge la codicia, si mientras hay gente muriéndose de hambre otros devoran grandes sumas de capital, como confiesa Montaner, ¡pues eso es capitalismo salvaje! Las fallas del sistema capitalista hacen que las 85 personas más ricas del mundo tengan más fortuna que la mitad más pobre de todos los habitantes de la tierra. 85 personas tienen más fortuna que 3,700 millones. Esa división injusta de la riqueza se refleja también en cada país donde impere el capitalismo salvaje. ¡Eso evidentemente no está bien!

Son estas situaciones las que condena la Doctrina Social de la Iglesia (DSI) según el Evangelio de Jesucristo, y sobre eso predica el papa Francisco. La DSI enseña que para evitar el capitalismo salvaje, el Estado debe intervenir corrigiendo lo que el mercado libre no puede corregir e impidiendo los abusos de la codicia. Mediante el Principio del Destino Universal de los Bienes la DSI llama a que el Estado cree mecanismos para cubrir las necesidades básicas para todos, y mediante el Principio de Solidaridad llama a poner fin a la codicia, el egoísmo, el abuso, justificando la propiedad privada de bienes de capital cuando estos cumplen una función social contribuyendo al bien común; por ejemplo, generando empleos justamente remunerados.

Se queja Montaner de que el papa Francisco alerte a la sociedad sobre las necesidades y derechos de los pobres, porque “transmite la idea de que los que han conseguido vencer la pobreza y tener bienes, son unos canallas avariciosos que mantienen deliberadamente en la miseria a otros”. Pero el papa Francisco sabe diferenciar entre los empresarios y profesionales exitosos que con inteligencia, trabajo y ética logran obtener riquezas que --aunque solo fuese creando empleos y pagando impuestos-- comparten para el bien común, y los canallas avariciosos que mantienen en la miseria a muchos.

*Abogado, periodista y escritor.

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