Jorge Bautista Lara
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Una crónica de una desesperación y depresión anunciada. Según un proverbio chino, se debe “excavar el pozo antes de que tengas sed” y ello implica la planificación del uso del dinero y su distribución organizada y programada, antes que las deudas aparezcan y nos asfixien cuando llegue el momento en que no dispongamos de recursos.

Las deudas se vuelven nuestra sombra y, según los árabes, “el hombre no puede saltar fuera de su sombra”. Adquirida la deuda, asumida una insolvencia. Llevaremos de manera directa una situación de tensión, sufrimiento, depresión y malos entendidos al hogar. Sufrimiento a casa. Y es ahí donde iniciamos la guerra y la paz, a la manera de decir de Madre Teresa de Calcuta.

Los chinos dicen en su filosofía de vida que si ahorrás hoy, comerás mañana. Utilizando el ejemplo del sembrador que, una vez obtenida la cosecha, no se come todas las semillas, sino que guarda una parte para la próxima siembra. Lo que permitirá tener comida hoy y mañana. Y en ese proveer ellos contextualizan e involucran a la familia como pieza central. El “yo” no está para ellos en el centro del gasto, nace el nosotros, comprendido como “la familia”.

Los meses de noviembre y diciembre representan, para todo asalariado y para el mismo comercio de venta de bienes y servicios, el período del año en que llega más dinero a las manos de los trabajadores, a las manos de las familias. De manera que hombres y mujeres disponen en ese período de mayor capacidad de gastos con el pago del treceavo mes. Sí, mayor capacidad de gasto, pero nadie habla ni aconseja una mayor capacidad de ahorro.

Pasado el mes de diciembre e iniciado el siguiente año, están los meses de enero y febrero, que es cuando menos se dispone de dinero entre el asalariado, y son los meses donde el gasto escolar nos llega con la crudeza de lo impostergable e inaplazable.

Existe literalmente una saturación de los medios escrito, radial, televisivo o de otra naturaleza, a una invitación permanente y multicolor a comprar y comprar; a gastar y gastar. Nadie habla del segundo momento que seguirá: que es cobrar y cobrar.

Algunos pasos nos aconsejan controlar el gasto: algo que puede estar persuadido por la realización previa, pensada, razonada y meditada de una lista de las cosas que más necesitamos, en las que hemos de introducir coherentemente el pago de las deudas asumidas; de ver y constatar con cifras nuestra capacidad real de gasto, y verificar la disponibilidad en efectivo que tendremos; de cuestionarnos si eso que pensamos comprar verdaderamente lo necesitamos, si es hechizo, y al final tan solo ocupará un espacio en una esquina de la casa sin utilidad alguna. Dato que podemos constatar fácilmente en este mismo instante, les invito, al revisar nuestra casa y ver algunos productos que compramos hace algún tiempo y nunca ocupamos. Un gasto que nunca debimos realizar. Es una forma de enemistarnos con nuestro propio dinero. Cuando se pudo perfectamente utilizar en algo que nos era verdaderamente necesario.

Existe una realidad y es que el dinero que se gana no es de nuestra pertenencia absoluta; pertenece a la familia. Y debe diseminarse, planificarse, dentro y para el gasto y necesidades familiares en primer lugar. Comprendido esto en el mejor sentido de la palabra.

Extrañamente nadie aconseja revisar nuestra tarjeta y ver si es aconsejable comprar con tarjeta de crédito, sistema que al final del día nos indicará el dato pasmoso de haber pagado más del 50% de su precio, con el acumulado interés en la tarjeta; cuando melosamentente nos ofrecen promociones del descuento del 10%, 20% o más, o con adjuntos de otros productos de regalo.

Una invitación huérfana de absoluto consejo y asesoría de cómo gastar nuestro dinero sin dañar la economía personal y familiar. Y es que, el que hoy te invita a gastar es el que mañana llegará a cobrar.

La propaganda en esta temporada es tan creativa y emotiva. Y el gastar te lo dicen tan libre de pecado, de fácil acceso y de manera inmediata, visible y sensible; pero de un total espejismo. Que en muchos casos no se ajusta a nuestra real capacidad económica. Es una especie de espejo de agua, o un espejo en el agua. Para lo que convendría tener presente el proverbio chino que dice: “El que ve el cielo en el agua, ve los peces en los árboles”.

*Abogado, máster en Derecho Local.
y catedrático universitario..

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