Hernán Barrios Carrillo
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No sorprende la muerte, pero nos sorprende y lastima la muerte de los grandes, Danilo es uno de ellos. No lo tutearé porque nunca lo hice, fue mi maestro aunque no fui su alumno, fue mi abogado aunque no fui su defendido,luchamos frente al somocismo aun cuando no milité en el Partido Conservador.Todavía tengo frescoel recuerdo de su espíritu combativo y decidido frente al regimiento del ejército somocista en la Avenida Roosevelt en la masacre del 22 de enero del 67, junto con el Dr. Pedro Joaquín Chamorro.

Fuimos luchadores gremiales por la unidad y la dignidad del periodismo hasta fundar la Unión de Periodistas de Nicaragua (UPN), en el salón Kiloa del otrora Club Social de Granada, en 1978,  pero en cada una de estas etapas no fui su subalterno pero él fue mi mentor. Y cuántos de mi generación y las siguientes, no aprendimos de él. Sentados en unaula de clases, en una sala de redacción, en una reunión o un mitin político, en un encuentro de conspiradores, en fin en casi todo, fue un maestro, sencillo pero enérgico.

Tecleó a su modo con la velocidad requerida las viejas máquinas  Olimpia  para escribir durante su vida miles y miles de cuartillas; con su prosa sencilla llenó páginas y páginas, firmó editoriales que informaron y educaron a cuantos lo leyeron. Fue un político de 24 horas hasta su deceso, fue intransigente en sus principios sin ser ortodoxo, por eso disintió con la dirigencia sandinista, nunca traicionó sus ideales.

No fue un historiador orgánico que yo sepa, pero escribió y narró la historia de la vieja Managua, de la historia de Nicaragua, de la historia universal. Gustó de mujeres bonitas, y fue leal hasta su muerte de su amada esposa Albita.Un gran amigo,  buen conversador, degustó el guarón y los rones  con tanto placer como degustaba de un buen escocés.

Danilo Aguirre, un luchador cívico que vivió los momentos más álgidos de la sociedad nicaragüense, dio su aporte a las trasformaciones sociales. Un gladiador defensor de las causas populares sin populismo ni igualitarismos demagógicos, un titán del periodismo y de la libre expresión, un fiel exponente de la libertad de pensamiento. Capaz de resumir en un titular la médula de la información o el suceso. Un maestro de tiempo completo.

Sobre su legado, sobrarán artículos que lo expresen. Tuve la oportunidad de compartir con él la primera junta directiva de la UPN, con el cargo de vocal por el departamento de Granada, y departí con él ratos de bohemia, en las casas de los amigos abogados, el doctor Elías César Hidalgo y el doctor Luis Adara Úbeda, antes de su muerte reciente. No un adiós al maestro, sino un hasta siempre.

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