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El mundo parece estar en el inicio de la peor guerra del siglo XXI, en la que nadie podría sentirse seguro en ningún sitio del planeta. Es la sensación que ha quedado después de los ataques terroristas en París el viernes pasado, donde más de un centenar de personas inocentes perdieron la vida, víctimas de fanáticos islamistas que solo en este año han cometido dos masacres en la capital francesa, la primera el 7 de enero cuando asesinaron a sangre fría a 12 personas, la mayoría periodistas y caricaturistas, en el semanario satírico Charlie Hebdo.

Las naciones más fuertes del mundo, en especial Estados Unidos y Rusia, tienen que ponerse de acuerdo cuanto antes para dar más seguridad y estabilidad al planeta. El Grupo de los 20 (G20), países más industrializados y los emergentes, acordaron este fin de semana en Turquía aumentar los controles fronterizos y la seguridad en los aviones, permaneciendo unidos en la lucha contra el terrorismo.

Sin embargo, las medidas de seguridad deben ser intensificadas en todas las naciones, sobre todo en el Occidente, porque países pequeños como los de Centroamérica son susceptibles de ser utilizados por el terrorismo internacional, ya que esta franja de Latinoamérica ha sido ruta de migrantes procedentes de África, Asia y Medio Oriente, que buscan entrar en Norteamérica.

En ese sentido, la integración de las naciones centroamericanas, que se gesta desde hace años, debe enfatizar más en la seguridad regional por ser un nuevo polo de inversiones extranjeras y de turismo mundial, y por ser un puente estratégico entre el sur y el norte del continente americano.

En Nicaragua y demás países del área hay comunidades musulmanas que, por supuesto, nada tienen que ver con el fanatismo criminal de algunos grupos yihadistas, como el Estado Islámico. Nadie debería ser discriminado por el solo hecho de ser musulmán, aunque es evidente que las barbaries cometidas por los terroristas han afectado la imagen de quienes profesan esa religión.

París será pronto, dentro de un mes, la sede de una conferencia mundial sobre el cambio climático, a la que acudirán miles de representantes de todos los países del planeta. Será una muestra importante de la preocupación por el futuro ambiental de la Tierra y, ahora también, una expresión de repudio mundial al terrorismo y de respaldo a la libertad y los derechos humanos, declarados hace seis décadas en esa ciudad.

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