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El pasado 10 de noviembre falleció mi padre, Danilo Aguirre Solís, a quien nunca he profesado más que amor, admiración y agradecimiento, y en quien nunca he visto más que ejemplos. Pero apartando la solemnidad, hoy prefiero recordar las facetas joviales de su siempre descollante personalidad, tan bien moldeada por su inteligencia y por el buen humor constante al que apelaba hasta en los momentos difíciles.

Nació el 22 de octubre de 1939, y su cumpleaños siempre coincidió con el inicio de la Serie Mundial del Béisbol de Grandes Ligas, del que fue un seguidor acucioso, simpatizante entusiasta de los Yanquis de Nueva York, que este año se quedaron a las puertas de la postemporada. Por eso siempre trato de no perderme (ni en adelante me perderé nunca) los “clásicos de otoño”.

Un día me dijo que emprendería un libro de memorias. En su último cumpleaños le llevé de regalo el libro La Nicaragua de los Somoza (1939-1979), de María Dolores Ferrero; pensando que le serviría como marco histórico científico. También pensé, ya inútilmente, en llevarle una copia de Estirpe sangrienta, de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, cuya relectura podría activarle algunos resortes dormidos en la memoria; pero también para tomar en cuenta el lenguaje y la organización de su estructura como modelo probable para su libro.

Nació y creció en el barrio San Sebastián, uno de los más antiguos de Managua, donde se ubicaban, a comienzos del siglo veinte, las dos “catedrales de la información” en la época: Radio Mundial y La Prensa. Aún antes, por ahí también estuvieron diarios muy importantes como Flecha y La Estrella de Nicaragua. 

Fueron circunstancias que influyeron en la vida del muchacho inquieto que era él entonces; lector precoz y empedernido, aún con la carga de trabajo que desde muy pequeño tuvo que enfrentar.

Desde niño ayudaba a mi abuela con los gastos, y también a costear sus estudios; vendiendo periódicos y lotería por las noches, junto a mi tío Sergio. Eso le ayudó a conocer de cabo a rabo la ciudad y contribuyó al conocimiento pleno de sus más ignotos rincones; todo aquello que constituía lo que él llamaba su querencia por Managua. 

Con nueve años de edad tomaba la calle 15 de septiembre y regresaba por la calle paralela a altas horas de la noche, después de haber voceado Flecha, La Estrella de Nicaragua, La Prensa y La Noticia por los últimos confines de la ciudad; mientras repasaba las últimas lecciones para salir de la primaria, y sin dejar de ojear los periódicos que vendía.

Creció jugando béisbol con la mano, porque no había para guantes, entre amigos también pobres que como él trabajaban y difícilmente terminaban la primaria.

A propósito de sus proyectadas memorias, y de los comentarios que hicimos en la última noche de su cumpleaños sobre lo cerca que estuvieron los Yanquis del campeonato, recordé una anécdota que hace años él publicó en El Nuevo Diario. Alguna vez le sugerí que con ese estilo, y de esa forma, podía configurar los capítulos que darían la estructura final a su libro. Y precisamente ese texto logra delinear un aspecto realmente adorable de su personalidad, que se vino perfilando desde que era muy joven.

Cuando trabajaba en el Ferrocarril para poder asistir por las noches al Instituto Miguel de Cervantes, salía disparado al mediodía con el transistor al oído, a almorzar a su casa en el cercano San Sebastián. Se iba oyendo a Calvin Byron en Radio Capital, que retransmitía simultáneamente los juegos de Grandes Ligas; algo que ignoraban sus compañeros de trabajo, cándidos fanáticos de las transmisiones que con una hora de retraso hacía Evelio Areas en otra radio. Y cuando regresaba a las dos de la tarde, gracias a la información de primera mano solía ganarles todo tipo de apuestas.

Al final de su vida terminó siendo un paradigma del periodismo nacional y de la lucha por la defensa de nuestras libertades cívicas; legislador, redactor y suscriptor de nuestra primera Constitución libre y de sus mejores reformas hasta la fecha. Pero eso nunca le impidió reírse mucho; ni contar chistes o cantar un tango.

* Escritor y periodista.

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