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Ahora que ha pasado el festejo de la llegada del papa Francisco (PF) a Cuba y Estados Unidos y superada la emoción de su discurso ante representantes de 193 Estados miembros de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el 25 de septiembre del 2015, se puede ahora interpretar con mayor sosiego sus palabras.

En mi opinión su discurso fue dirigido en buena parte a la seguridad ciudadana y al desarrollo humano, como lo indica al suplicar a los Estados que “sepan potenciar, para el bien común, lo mejor de cada pueblo y de cada ciudadano”. (PF).

Además el Pontífice se refirió también a la seguridad ciudadana cuando recuerda al mundo que “en las guerras y conflictos hay seres humanos hermanos y hermanas nuestros, hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, niños y niñas, que lloran, sufren y mueren” (PF), enfatizando con ello que la seguridad de las personas es la prioridad, si se quiere un verdadero desarrollo.

De manera consecuente, el Papa con una clara metodología planteó sus lineamientos para mejorar la seguridad ciudadana e impulsar el desarrollo humano en nuestros países.

En este orden reconoció primeramente las causas de la inseguridad que atribuyó a las relaciones injustas que plantean el sistema de mercado internacional y sus expresiones locales, al “mal ejercicio del poder económico y político, egoísta y sin límites y, finalmente, al abuso y destrucción del medioambiente”. (PF)

En segundo lugar esbozó los efectos de estos abusos, resaltando “la mayor pobreza, exclusión y dependencia”, enfatizando en que “la exclusión económica y social es una negación total de la fraternidad y de los derechos humanos” y afirmando que “los más pobres son quienes más sufren, pues son descartados por la sociedad”. (PF).

Más en concreto expuso algunas expresiones de la inseguridad como las “tristes consecuencias de trata de seres humanos, comercio de órganos y tejidos humanos, explotación sexual de niños y niñas, trabajo esclavo, incluyendo la prostitución, tráfico de drogas y de armas, terrorismo y crimen internacional organizado” (PF), todo lo cual implica sin lugar a duda un freno al desarrollo humano.

Finalmente, planteó soluciones indicando que “la medida y el indicador más simple del cumplimiento de la nueva Agenda para el desarrollo es el acceso efectivo, práctico e inmediato, para todos, a los bienes materiales y espirituales indispensables”. (PF).

Queda por verse que cada uno de los Estados diseñe su propia estrategia política, económica y socialmente viable de seguridad ciudadana y desarrollo humano, acorde a los paradigmas del Pontífice.

Para ello, hay que tomar en cuenta que la propuesta de seguridad ciudadana indicada por el Papa es el camino correcto, para avanzar hacia el desarrollo humano, pues supera el enfoque de control de la criminalidad predominante en nuestros países hasta la década de los años 90. 

Es oportuno aclarar que la estrategia de seguridad ciudadana y la de control son totalmente distintas, porque la primera se dirige fundamentalmente a  la génesis de la inseguridad, como puntualizó el Sumo Pontífice en su discurso, mientras que la segunda no estudia las causas de la inseguridad, más bien opera en el caso concreto ya surgido, para dominarlo y mantener el orden público establecido.

*Licenciado en sociología.

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