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En estas fechas, para hace unos cuantos años atrás, eran las más festivas y las más esperadas en el momento que fuimos niños. Era la etapa del año en que estábamos en las últimas semanas de clases y se sentía ese viento de libertad, nos íbamos a poder dormir tarde siempre y poder salir a jugar con los amigos de la cuadra seguido, era lo mejor.

Y aún más cuando se veía venir ese espíritu navideño, cuando nuestras madres empezaban a armar los nacimientos, sabíamos que pronto íbamos a recibir muchos regalos, que los 24 y los 31 de diciembre podíamos tirar pólvora y pasar todo el día con nuestra familia, primos, tíos y abuelos, cenaríamos algo rico como es acostumbrado y luego nos sentiríamos en ese ambiente en donde, aunque éramos solo unos niños, reflexionábamos cosas tan pequeñas pero importantes, como la buena familia que tenemos, nuestros padres, lo afortunados que somos.

A medida que pasaba el tiempo, quizás nos íbamos dando cuenta que esos vientos y espíritus navideños iban desapareciendo, o nosotros le tomábamos menos importancia cada vez más o solo se perdía la esencia.

Ahora que estamos jóvenes o somos adolescentes, solo sabemos que se nos harán unos días demasiados aburridos, centrados en lo que seremos, dudando de nosotros mismos, no hallando qué hacer a diario, los 24 y los 31 ya no son lo mismo, solo nos sentamos y a lo único que miramos y amamos en esos días es a nuestro celular y a nuestra comida. Ya la familia, tal vez por problemas o desdichas, se separaron, y solo se juntan los de la casa, los primos o son muy pequeños o muy viejos, nos sentimos solos en un momento de “alegría”.

Tal vez las personas adultas ya no piensen así, y que aunque en el mes de diciembre solo sea gastos, quieren hacer sentir bien a su familia, con dar amor, porque es lo más importante hoy en día.

Probablemente sea la edad, o los problemas familiares, los secretos o los descubrimientos los que nos hacen cambiar de parecer y de actitud antes estos momentos de amor en familia que son muy importantes.

A veces no nos damos cuenta de la gran suerte que tenemos, por haber nacido, por ser miembro de una hermosa familia, de los buenos amigos, de los parientes, de los vecinos, de las escuelas, compañeros, celebrar nuestros cumpleaños, que nos inviten a fiestas, porque todas estas cosas significan que somos parte en el corazón de muchas personas, y que de alguna forma nos tienen cariño, pero por muchos de los problemas que antes mencioné, hemos estado olvidando y dejando en el pasado, como si nunca hubieran sucedido, como si nosotros no fuéramos nadie, como si viniéramos de ningún lugar.

Debemos reflexionar, amar a nuestros padres ahora que están vivos, perdonar a los demás, pedir disculpas y tratar de sentir aquello que alguna vez sentimos cuando fuimos niños, aquel amor, aquel sentimiento de libertad, aquel ambiente de estar bien con todos.

Quizás no todos sean así, pero con una persona que haga el cambio, los demás seguirán sus pasos. Yo quiero volver a vivir ese espíritu navideño ¿y vos?

 

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