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Las consecuencias de la guerra en Siria se han tornado más  inextricables y expansivas, luego de los terribles atentados de París. Y obliga a poner en segundo plano el conflicto sirio, y a enfocarse todos en combatir a ISIS.

Se presagian posibilidades precarias e inciertas.

El involucramiento de Turquía (nación musulmana enclavada entre Europa y Asia, y miembro de la OTAN) para destruir a las fuerzas que de verdad combaten a ISIS, los nacionalistas kurdos, confirma que la guerra todo lo enmaraña.

Occidente parece haber encontrado un objetivo básico y estratégico: apoyar a los kurdos que sí combaten a ISIS. Pero estos últimos combaten más para conseguir, eventualmente, un territorio y construir un estado kurdo.

Moscú se involucró para sostener a su régimen aliado; pero después del derribamiento del avión ruso sobre territorio egipcio, se han determinado a arrasar a las fuerzas de ISIS.

Turquía ha estado atacando a los nacionalistas kurdos, bombardeando territorio sirio, pero aduciendo que lucha contra los terroristas.
ISIS, desde su territorio conquistado en Raqqa, su capital provisional, urde, trama y ejecuta atentados terroristas contra todo el mundo.

Francia se involucró para bombardear objetivos militares de ISIS; Gran Bretaña ha anunciado que pronto estaría haciendo lo mismo.

Y Bashir Al-Assad, el tirano que ha estado reprimiendo a los opositores por más de cuatro años, se siente bastante cómodo y confiado bajo el alero de Moscú.

Los grandes perdedores hoy son: 1) los luchadores opositores  que aspiraban a una democracia en Siria; y, 2) ISIS, hoy enfrentada a casi todas las potencias.

El gran ganador, de momento, Al-Assad, quien, ayudado por Rusia, ha sobrevivido largo en este conflicto. Y, tal vez, aun después… ¿En el contexto actual de la crisis terrorista, Assad es ya un objetivo menos prioritario?

La reciente cumbre celebrada en Antalaya, Turquía, del G-20, las más grandes economías mundiales, ha revelado que las potencias están coincidiendo más en sus posiciones y enfoques. A pesar de que el presidente turco —actor importante para resolver este asunto— está actuando subrepticiamente al obstaculizar el proceso de degradación del ISIS; y al atacar, en medio del alboroto bélico, a sus adversarios kurdos del Partido de la Unión Democrática (YPG), en Siria, y al Partido de los Trabajadores Kurdos (PKK), en Irán y Turquía. Estos últimos sí están luchando contra ISIS en el terreno de combate.

En toda guerra hay espías y Occidente monitorea con sus satélites.

Pero sin duda este es un golpe demoledor a la confianza que hasta ahora se le ha tenido a Tayyip Recepp Erdogan, el presidente turco, que sagazmente le ha sacado proyecto a todo conflicto que se dé en su vecindario. Sea con quien fuere: Israel, Iraq y Siria.

La actitud de Turquía pone en duda la sinceridad que el régimen de Ankara debería proyectar hacia sus aliados militares de la OTAN y los países occidentales. Desafortunadamente, Erdogan está descalificando a su país, si realmente, algún día, pretenden los turcos, ser aceptados en la Unión Europea.

¿Se confió mucho en Turquía, desconociendo que sus verdaderos intereses en juego lo desbocarían, para devastar, marginalmente, a los adversarios kurdos? ¿Se pensó que los intereses del régimen turco, aparentemente, coincidentes con sus aliados militares occidentales, sí se inclinarían por el  sentimiento de su fe y su nacionalismo inveterado?

Lo insoslayable: en el análisis de los escenarios políticos y de guerra, es imprescindible el factor cultural.

Lo bueno: hay más coincidencia entre los grandes actores involucrados acerca de lo que se define como terrorismo y quienes lo ejecutan.

Además que la posición rusa, en torno a ISIS, ya es más convergente con la de sus pares occidentales.

La lección aprendida: en guerras distantes, si uno no se involucra, eventualmente, los intereses propios se verán afectados. Nadie lucha sin reclamar un pedazo del pastel. Las alianzas generan, con el tiempo, cambios de intereses y fermentos desleales y traicioneros.  

Lo terrible: en el conflicto sirio se configuró, arraigó, y diseminó el terrorismo sistemático global a partir del afincamiento de ISIS y sus proclamaciones antioccidentales. Y ya están involucradas  cuatro de las cinco potencias del Consejo de Seguridad: Rusia, EE.UU., Francia, y Gran Bretaña.

¿Nos convenceríamos si China se involucrara para saber que la guerra en Siria urge de atención global: diplomacia concertada y  preventiva y presión continua de las grandes potencias?

¿O este conflicto está convirtiéndose ya en una guerra expansiva, engendrante, e incontrolable?

Lo único cierto es que los escenarios derivados del conflicto en Siria se están mutando en  terribles ecuaciones insolubles. 

 

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