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El famoso conferencista japonés Yokoi Kenji aseguró en una de sus exposiciones que “un japonés siempre encuentra las llaves”. Nosotros, los latinos, maldecimos las llaves porque no las encontramos, pero es que el japonés deja un lugar para las llaves, un lugar para los zapatos... la organización es esencial, y es muy diferente a un segundo factor: la limpieza, que equivale a eliminar.

Es difícil encontrar en las calles y casas de Japón desorden y basura; gobiernos y habitantes --la sociedad completa-- participan constantemente de la limpieza de sus ciudades y espacios públicos. El asunto se entiende cuando se conoce que esto se inicia desde la niñez. En Japón, los niños participan desde los primeros grados escolares en la limpieza de su propio centro de estudio y de manera tan creativa que se divierten mientras ejecutan la actividad. Lo hacen todos los días y ellos, los infantes, expresan que “es mejor que limpiemos nosotros mismos, porque es nuestro espacio” y expresan mucha satisfacción cuando terminan la tarea.

Los profesores, por su parte, aseguran que “el hecho de (involucrarlos en) ordenar sus propias cosas desde pequeños, es prepararlos para la vida; porque de adultos tienen que limpiar sus propios espacios por cuenta propia”, por lo que “se debe comenzar ahora y aprender eso poco a poco”.

El derecho y obligación a la limpieza es un elemento competencial, fundamental de los gobiernos locales, no únicamente. Algo que se consagra en el artículo 60 de la Constitución Política y se respalda con el artículo 116 en el señalamiento a la necesidad de una formación plena con “capacidad para asumir las tareas de interés común que demanda el progreso de la Nación”. Por ser la educación ese “factor fundamental para la transformación y desarrollo del individuo y la sociedad” es educar, pero en la limpieza, como parte del cuido del medioambiente. Un gobierno local tiene competencia en lo que incida en el desarrollo socioeconómico de su circunscripción (arto 176 y 177 de la Ley de Municipios).

Además, se dispone de los instrumentos jurídicos y económicos para ello. La ley municipal, en el artículo 3, inciso 3, norma que los gobiernos municipales gestionen y dispongan de sus propios recursos, en uso de su autonomía, y son los que elaboran sus presupuestos y definiendo sus políticas públicas en cifras. Ahí asignan el dinero para la limpieza e higiene pública. El arto. 7 establece esa obligación.

Una obligación que se comparte con la población, cuando en el arto. 16 establece su derecho y obligación a integrarse a esa labor de aseo e higiene de la ciudad. Con el alcalde al frente, presidiendo el gobierno, según el arto. 33 de la ley.

En el presupuesto participan todos; la población en los cabildos, el alcalde al remitir el proyecto de presupuesto, el concejo aprobando y las estructuras municipales ejecutando.

Hace unos días visité León. Cuadra a cuadra caminando por espacio de tres horas sin parar. Sin exageración, solo encontré dos calles limpias: al frente del Centro de Arte de la Fundación Ortiz-Gurdián (lo limpian los trabajadores del museo) y al frente de la Alcaldía de León. El resto sucio.

Se debe comprender que turismo y limpieza van de la mano; que estética y limpieza son hermanas; que prevención de enfermedades y recolección de basura son caras de una misma moneda; que gobernar con responsabilidad y vigilar la limpieza es acción básica de un gobierno responsable. ¿En qué punto no es claro esto?

He preguntado a muchos habitantes por qué la ciudad de León está tan sucia, cochina es la palabra correcta. Me han dicho que eso era normal. Ante la pregunta de cuáles eran los lugares más sucios, dentro de lo sucio, para mi tristeza la respuesta común fue “por donde pasan los estudiantes” y “en los mercados”.

¿Y el Gobierno Municipal? ¿Y la población? ¿Promueve en algún momento la universidad en sus aulas la limpieza de la ciudad? ¿Cuál es el presupuesto de limpieza en León? ¿Será esta la imagen correcta al turista? ¿Así recibirá el Gobierno Municipal al visitante en diciembre? ¿Es esa la cara para una campaña electoral próxima? La negligencia es visible y terrible. Tanto que no es posible dejar de escribir para decirlo.

Nadie se libra de la irresponsabilidad, de mantener una ciudad tan hermosa en historia, cultura y arquitectura, y tan sucia. Una involución.

¿Será que quienes le habitan y gobiernan no están a la altura de la ciudad que han heredado de sus abuelos? Háganse merecedores de su ciudad.

*Abogado, máster en Derecho Local y catedrático universitario.

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