José Pascual Ortells Chabrera*
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Mientras en América Latina, el modernismo fue sobre todo un movimiento literario, en Europa también tuvo expresiones en las artes gráficas -diseño de carteles publicitarios y la ilustración de libros y revistas de arte-, en la tipografía para imprenta, la pintura, la decoración y la arquitectura. Darío era consciente de esta realidad y en una crónica sobre el cartel en España alertó a sus lectores y lectoras:

“En el arte ´moderno´, en literatura como en todo, un aire de familia, una marca de parentesco se advierte en la producción de distintas naciones, bajo climas diferentes… El arte decorativo de William Morris y demás compañeros, se refleja en el arte decorativo universal desde hace algunos años”.

El británico William Morris fue un artista polifacético de finales del siglo XIX: artesano, diseñador, impresor, poeta, escritor, pintor y activista político. Su empresa Morris & Co. y el movimiento que él inició, Arts and Crafts -artes y oficios- tuvieron una gran influencia en el diseño y la decoración. Morris proponía el retorno a la manufactura artesanal, en oposición a la producción industrial. En la producción editorial Morris influyó con su empresa Kelmscott Press, siendo su obra más conocida la edición de los Cuentos de Canterbury, de Chaucer. Son famosas las letras iniciales y los márgenes de los libros que editaba.

En la política destaca su novela utópica Noticias de ninguna parte, que narra el paso al socialismo y alcanzó en su tiempo gran popularidad.

Esta corriente de modernidad en el arte, la arquitectura y oficios como la joyería recibió diferentes nombres:Modern Style en Inglaterra, Sezession en Austria, Jugendstil en Alemania y países nórdicos, Art Nouveau en Francia, Bélgica y Estados Unidos, Floreale en Italia y Liberty en los Estados Unidos de Norteamérica. Al referirse a la ausencia de literatura modernista en la España castellana, Darío hizo una excepción con Barcelona:

“Los catalanes, sí, han hecho lo posible, con exceso quizá, por dar su nota en el progreso artístico moderno”.

En pintura y artes decorativas, Darío menciona a sus principales exponentes, comenzando por Ramón Casas, célebre por sus carteles de estilo Art Nouveau, así como por sus caricaturas y retratos de la élite social, intelectual y política. Los otros pintores modernistas, citados por Darío, son Isidro Nonell y Monturiol, quien también publicaba ilustraciones en revistas, y Ramón Pichot y Gironés.

Entre las revistas y libros de arte, Darío menciona las principales: L’Avenç, (El Progreso), fundada por Ramón Casas, todavía un pintor adolescente, y por Miguel Utrillo. Esta revista se convertiría en órgano de expresión del modernismecatalà. L’Avenç.

También fue una editorial, que Darío comparó con la Mercure de France. Otra revista modernista era Pèli Ploma, una publicación satírica que Darío encontraba semejante a la parisina “Gil Blas illustré, de carácter popular, mas sin perder lo aristo” o sea sin perder la calidad propia de “una élite artística y literaria”.

En literatura Darío citó a Santiago Rusiñol, quien había estrenado la obra teatral La intrusa de Meterlinck, traducida al catalán por Pompeu Fabra, el lingüista que normó el catalán moderno. Otro escritor citado por Darío fue Miguel Utrillo: ingeniero, pintor, decorador, crítico y promotor artístico. Organizó actos culturales y exposiciones de pintura en Els Quatre Gats, apoyando a los nuevos valores artísticos, entre ellos el joven Picasso, de quien fue su primer crítico.

No obstante, entre los literatos modernistas catalanes mencionados por Darío, el de mayor relevancia es Joan Maragall, padre de la poesía catalana modernista con su Oda a Espanya. Sus artículos periodísticos y sus ensayos tuvieron mucha influencia en la cultura catalana; tradujo a Goethe, Nietzsche y Novalis, introduciendo así en Cataluña una buena parte de la poesía alemana. Maragall defendió el iberismo con su poema “Himneibèric” y su artículo “L´idealibèric” que definía “la nova Ibèria” como una nación de naciones, con un alma “pròpia i trina”. Los postulados socialistas del iberismo inspirarían décadas más tarde la novela de José Saramago “La balsa de piedra”, que en palabras de su autor es “profundamente ibérica, relativa a Portugal y al conjunto de los pueblos españoles que comparten una cultura común que no es rigurosamente europea”.

 

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