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Sabe una mayoría de gente que el cada vez más largo periodo de fiestas navideñas (poco falta para ser declaradas perpetuas) abre una guerra de comercios contra ciudadanos.

La primera línea de ataque es contra los oídos. Los comercios compiten entre ellos en ver quién produce mayor número de sordos entre los indefensos humanos. Compiten, además, en quiénes elevan al cubo el número de psicopatías.

La segunda línea de ataque trata de quiénes ocupan mayor cantidad de espacios públicos. Las aceras, como tales, son historia. Ahora, como mancha, ocupan las calles. Pronto pedirán que sean clausuradas y declaradas espacios comerciales.

Podría ser aceptable si los comercios pagaran asfaltado, adoquinado, mantenimiento y limpieza de calles y aceras, pero no. Eso lo pagamos nosotros para que ellos hagan dinero y los ciudadanos se vean condenados a una vida insufrible.

En otros países las autoridades ordenan esos menesteres y hacen respetar las leyes. En Nicaragua no. Parece país asaltado por comercios, cuyo propósito, además de ganar dinero, es conjurarse a ver quién tortura con mayor sadismo a los ciudadanos.

Hay, en mi pueblo natal, una esquina que un comercio ha llenado de motos. Para dar la vuelta los vehículos necesitan zancos y los autobuses que los levanten en procesión.

La gente acude a las iglesias, no a rezar, sino a pedir milagros. Que la espada flamígera de San Jorge limpie calles y aceras y devuelva la paz al ciudadano. Oremus.

az.sinveniracuento@yahoo.es

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