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El primer ministro David Cameron envió un memorando al Comité de Relaciones Exteriores del parlamento británico. En él pide que le apoyen para emprender ataques mayores contra ISIS. Específicamente, dice que es un deber moral, pues no se debe dejar solos a sus socios  --Francia, en Europa, y Jordania, en el Medio Oriente--.

Y aunque el enemigo a enfrentar pretende destruir a Occidente y Rusia --¡y a todo el que se interponga!--, pregunto: ¿Se puede evitar todavía una guerra mayor?

Ya hay más disposición para la guerra que para la paz. Veamos.

El presidente francés François Hollande ha tenido encuentros respectivos con la cancillera alemana Angela Merkell y el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, a quienes ha pedido aliarse en una guerra total contra ISIS. Hubo  respuestas positivas, pero de tono variado.  

Lo consensuado es que la guerra se debe hacer contra los extremistas de ISIS; pues hay unos 70,000 luchadores contra el régimen de Bashar al-Asad, que están justificados. 

El  presidente Vladímir Putin hacía lo suyo visitando una fábrica de cohetes de mediano alcance. Y ya se alió con París para atacar conjuntamente a ISIS.

Cualquier solución a ese conflicto debe pasar por Moscú, quien tiene el poder y control de los escenarios próximos.

Turquía cometió el error de derribar un avión de combate ruso. Según me dicen, debió prevalecer un protocolo para persuadir a la nave rusa a abandonar el territorio violado, si realmente invadió el espacio aéreo turco.

Pero el régimen de Ankara, disparó el cohete y ¡Pum!

Ello agregó más combustible a la hoguera.

Ahora todos los involucrados en Siria se sienten con derecho a hacer los que les plazca, porque saben que su causa es justificable, sabiendo que el enemigo va contra todo el mundo.

La disposición occidental de no enviar tropas, todavía, a Siria, retarda los pronósticos. Pero no excluye del peligro total.

El memorando del premier Cameron es contundente por su claridad, justificación y propósitos. Me sorprende cuando deja la puerta abierta a la negociación con los actores menos extremistas. La pertinencia del llamado es que Francia --una nación vecina, aliada y amiga de Gran Bretaña-- no puede esperar justificaciones dilatorias.

Sin dudas, la agresividad, crueldad e intolerancia de ISIS son contundentes. ¿Pero cabe una alternativa diplomática?

Escalar la crisis hasta alcanzar la guerra total sería peligrosísimo para toda la humanidad, ada la volatilidad del escenario: Medio Oriente.

Lo desalentador es que la ONU, ni ningún otro organismo internacional serio, abogaría por ISIS.

Demos por sentado que esta es una  lucha contra el mal. Pero otra cosa es no buscar alternativas, sabiendo que, al no más entrar en Siria, se propendería a cometer errores de consecuencias mayores.

¿Hay espacio todavía para reflexionar?

Esto no es lucha de civilizaciones. Tampoco de culturas. Mucho menos de religiones. Pero si un conflicto mayor se avecina no creo que, bajo ninguna causa se deba a las intervenciones de Washington en Kuwait, Irak y Afganistán.

Si recurrimos a esos argumentos, que indican que fueron tropas estadounidenses las que alborotaron el avispero, bastaría ver un poco más atrás para darnos cuenta que antes ahí estuvieron: Rusia; e Inglaterra; Francia, en menor medida.

En todo caso, un análisis mediante la regresión matemática, implicaría que, en el peor de los casos, solo habría una incidencia marginal, porque el conflicto arraigó a ISIS en Siria, país en el que Washington no ha intervenido, todavía.

¿Qué más ha incidido?

Sostengo que el terrorismo de ISIS se ha multiplicado --entre otros factores--: por los medios masivos de comunicación, el acortamiento de las distancias, la facilidad de vender y comprar armas. Y con mayor énfasis: los líderes religiosos y educadores no han podido convertir la fe y la educación cívica en una herramienta formadora de valores.

Los que no converjan con mis planteamientos, agregarían que el irrespeto de Estados Unidos hacia esas culturas es preponderante. O que Occidente ha sido draconiano e incomprensivo con la cultura islámica, al quererles imponer métodos anacrónicos de convivencia --democracia, el sistema de leyes no-religiosas, el consumismo, la igualdad de derechos, etc--.

Pero hay que profundizar en el análisis de las causas del terrorismo contemporáneo.

Pienso que sería más adecuado encontrar todavía tiempo para la reflexión, antes que nuestras “justificadas” decisiones nos impulsen a una tragedia, de la cual nunca podríamos volvernos.

¡Ojalá la determinación de los países anti-ISIS sea lo suficientemente fuerte como para que conduzca a la disuasión de ISIS, y no se siga derramando más sangre!

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