Esteban Solís R.
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Hace ocho años tras la celebración del 28 aniversario de la revolución sandinista, El Nuevo Diario tituló  “Se queda Taiwán” en relación a mi nota que había entregado al doctor Danilo Aguirre Solís (q.e.p.d.) sobre la cobertura de ese gran evento que me fue designada en aquella fecha. 

Aguirre “escarbó”  en el escrito y concluyó que entre otras cosas importantes  que dijo en ese entonces el presidente Daniel Ortega, que ese año (2007) había reasumido el poder, era precisamente una alusión directa a la República de China (Taiwán). 

La pluma de Aguirre le imprimía un toque humorístico e irónico a los escritos que inevitablemente pasaban por sus manos. En esta ocasión agregó el  “siento mucho a China Continental”,  porque el mandatario había manifestado que “Nicaragua no tiene por qué tomarse pleitos ajenos cuando ellos mismos (China Continental y Taiwán) tienen relaciones comerciales entre sí, y que al contrario, debemos agradecer a quienes ayudan a un pueblo con necesidades”, refiriéndose a Taiwán.

Este episodio recién pasado lo traslado al presente, porque me parece que a partir del 16 de enero de 2016 podría haber un giro en las relaciones diplomáticas no solamente entre Nicaragua y Taiwán sino también entre la mayoría de los países del istmo y el Caribe, algunos, quizá,  por voluntad propia y otros forzados por las circunstancias geopolíticas, posiblemente esta última la razón más poderosa que desembocaría en un eventual rompimiento de los lazos diplomáticos con la isla. 

Enero del año entrante es crucial no solamente para los 23 millones de taiwaneses que celebrarán elecciones presidenciales y legislativas, sino también para sus aliados, entre los que se cuenta Nicaragua. Hay motivos suficientes para especular y razonar de esta manera. Una victoria del Partido Democrático Progresista (PDP), de línea independentista, con su líder, la candidata Tsai Ing-wen, hace temer a China que el delicado equilibrio alcanzado a través del “Consenso de  1992” que ha permitido la coexistencia pacífica y la cooperación económica a ambos lados del Estrecho, llegue a tensarse si el PDP mantiene su posición de que Taiwán ya es formalmente otro país, otro Estado y que debe haber una declaración de independencia. Este tipo de expresiones ponen los pelos de punta a  los “príncipes” (taizidang), la nueva élite gobernante, hijos de los fundadores de la República Popular China.  

El coloso asiático tiene suficiente poder político y económico como para influenciar este lado del continente. La presencia de China pesa en muchas de las grandes economías latinoamericanas, empezando por Brasil, nuestro gigante latinoamericano, que tiene un megamillonario intercambio comercial con China y por ahí le siguen Argentina, Chile, Perú y Venezuela. 

Los pronósticos sin excepción señalan que el PDP ganará la presidencia e incluso, se hará con la mayoría legislativa en detrimento del Kuomintang, el partido político que gobierna la República de China (Taiwán) desde hace casi ocho años, tiempo en el cual  ha mantenido una política de acercamiento a China en el marco del Consenso del 92, que abrió una nueva etapa para ambos llegando a la cúspide el pasado 8 de noviembre con la reunión en Singapur entre los presidentes de Taiwán, Ma Ying Yeou y de China Popular, Xi Jinping, encuentro que se desarrolló en un ambiente de igualdad y dignidad de cara a fortalecer esos lazos de cooperación y convivencia pacífica.

La  candidata del PDP criticó ese encuentro tachándolo de electoralista y hasta describió el desempeño de Ma como “decepcionante”. El mandatario  negó tales señalamientos asegurando que en esa histórica reunión, la primera desde hacía 66 años, desde la victoria de Mao en 1949, había dicho lo que tenía que decir en forma clara y transparente. Nadie quiere una crisis en el Estrecho como la de la década de los años 50, cuando hubo intercambio de artillería con centenares  de muertos o la de mediados de la década de los 90 con China disparando misiles cerca de la isla. Gane quien gane las próximas elecciones en Taiwán, debe trazarse como meta la preservación de la paz en esa estratégica zona.

*Periodista 

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