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Para ilustrar y lograr una idea de lo que abordamos, sin entrar a definir lo que se podría entender por cortesía, decimos: “según la educación de la persona que conocemos, de unas deseamos la presencia y de otras deseamos su ausencia”. De esa manera queda en ustedes ubicar el ejemplo entre las personas que les rodean y de ahí a aquellas que su presencia les resulta agradable por su cortesía, y de otras exactamente lo contrario y hasta terminamos agradeciendo cuando se ausentan.

Se dice que el origen de la palabra cortesía proviene de la vida en la corte. En la que los cortesanos seguían una guía de pautas sociales que los distinguía del pueblo llano. Pero esto ha evolucionado hasta nuestros días, y hoy sabemos que la cortesía --vista desde una opción social-- existe en todos los lenguajes y culturas; pero sus diferentes manifestaciones dependen de las historias, creencias, valores, religiones o convenciones sociales que se tengan. De manera que la cortesía (desde el actuar hasta la interacción verbal o uso del lenguaje) es una forma de comportamiento humano universal que nos une y nos crea mecanismos de respeto para con los otros; aun con las diferencias por razones interculturales. Así, lo cortés en una cultura puede a menudo ser absolutamente grosero o simplemente extraño en otra. Ejemplos claros surgen al contrastar las culturas oriental y occidental.

Pues esa manera de comportarnos socialmente, la cortesía en Nicaragua, es un elemento casi completamente ausente en nuestras calles de Managua. Y solo por excepciones maravillosas de pocos conductores, no es absoluta.

Estelí nos da ejemplo a los conductores de Managua de cómo hacerlo. En Estelí, el respeto a los peatones se siente de mejor manera. ¿Quieren un ejemplo? Crucen una de las calles o avenidas de Managua. No requiere palabras. Resulta una experiencia de atentado y riesgo de vida, y se constata en la cantidad de accidentes que ocurren y que son prevenibles de nuestra parte, si tenemos un poco de cortesía al conducir.

Pero entendamos esa cortesía en doble vía: conductor y peatón. Anverso y reverso del mismo libro. Falta de cortesía acompañada, casi siempre, de imprudencia.

La cortesía es una materia que hemos de aprender desde pequeños y para poner en práctica toda la vida. Es la única garantía de que funcionará. Es algo a implementar en la educación básica, antes de los 20 años, según los entendidos. Y que comprende desde el saber saludar, hablar, escuchar, presentar y presentarnos, vestir, despedir, dar el pésame y respetar a los peatones cuando conducimos (niñez, mujeres, hombres, mujeres embarazadas, personas de la tercera edad, personas con discapacidad, etc.). En general, sus reglas básicas son muy sencillas y nos ayudan a dar importancia y prestar atención a los otros. Es un tratar bien a las personas a quienes nos rodean, a quienes encontramos en calles o avenidas cuando conducimos. Esto debe resolverse bien todos los días, asunto de diario. Y en esto pasa igual que en la bondad, pues quienes no la usan dan la impresión de ignorancia, pero que verdaderamente no la tenemos, salvo repito, honrosas excepciones.

A diario se es testigo de madres y padres, con hijos pequeños, que esperan en la raya de la pista y ningún vehículo es capaz de detenerse para darles pase. Pero cuando uno lo hace, el resto imita. Ahí la honrosa excepción. Por lo que la cortesía la podemos pasar.

En esas estábamos y aún estamos, cuando la Alcaldía de Managua desmontó, dentro de la ya escasa cantidad de puentes peatonales, muchos de los que estaban. Fue un supuesto de razones de ampliación o reparación de vías. Bien. Pero eso hace meses, y es la fecha y no se repusieron. Y resulta que la población, en los que incluye miles de miles de estudiantes, deben transitar las calles exactamente en horas picos.

Y aquí la población gobernada queda a la buena de Dios; por un lado una municipalidad de Managua displicente en la planificación y construcción de puentes peatonales para con quienes les eligieron. Y por otro nosotros mismos, que olvidamos la calidad humana cuando tocamos el timón de un vehículo.

Olvidados por la administración pública local. ¿Será que resulta necesario que algunas de las autoridades edilicias dejen al menos por un día sus cómodos vehículos y se trasladen hasta su trabajo de la manera en cómo lo hace la mayoría de la población para sentir y comprender esto?  Así hasta el día de hoy; estamos gobernando y conduciendo a como pensamos; sin puentes y sin cortesía.

*Abogado, máster en Derecho Local y catedrático universitario.

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