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Atravesando la mar de tempestuoso oleaje; cruzando las hirsutas montañas y los imponentes volcanes; vadeando ríos de cristalinas aguas; así me llegó cual ave agorera de negro plumaje, la triste noticia de que nuestro querido amigo el doctor Danilo Aguirre Solís había sucumbido ante la inexorable muerte después de largos años de titánica lucha por su salud.

Su corazón, cansado de vibrar al unísono con Nicaragua, se apagó ante los designios inevitables del humano destino. Era martiano, pues como el Apóstol cubano, José Martí, consideraba que ¨el verdadero hombre no mira de qué lado se vive mejor, sino de qué lado está el deber¨. Y si lo hubiera visto recorrer los campos de Nicaragua montado en Rocinante no me hubiera extrañado, porque a pesar de su corpulencia, al igual que Don Quijote de la Mancha, siempre supo ¨anteponer sus ideales a su conveniencia y obrar desinteresada y comprometidamente en defensa de causas que consideraba justas¨, a veces sin conseguirlo.

La última vez que conversamos en casa de nuestro común amigo el doctor Alberto Saborío Morales, me entregó, cariñosamente autografiado, lo que podría ser su testamento político, el libro titulado: Historia, Institucionalidad Democrática y Libertad de Prensa en Nicaragua.

Este libro además de ser autobiográfico, en una de sus partes expone junto al doctor Saborío y el doctor Francisco Laínez, un Manifiesto por el Estado democrático, moderno y solidario. En él se presentan, producto de un análisis profundo de nuestra historia y de nuestra idiosincrasia, soluciones prácticas de orden político, económico y social de cómo los nicaragüenses, además de la esperanza, tenemos una opción tangible para salir de la secular pobreza en que nos han mantenido. 

Este libro debería ser texto obligatorio de estudio en nuestras universidades para que la juventud no solo vea en el doctor Aguirre Solís un ejemplo a seguir, sino que también aprenda que el subdesarrollo en que vivimos tiene solución (como lo han hecho otros países) al alcance de las manos.

No quisiera ser prolijo dando a conocer las peripecias que juntos pasamos en nuestra lucha por la democracia en Nicaragua, como el 22 de Enero de 1967, cuando demandando elecciones libres frente a la tiranía somocista, fuimos salvajemente vejados y encarcelados por la guardia pretoriana del dictador de turno. Ya otros se han referido con gran acierto, al difícil tránsito por la infancia y la adolescencia del doctor Aguirre Solís, a su lucha por superarse y a su extraordinaria calidad humana.

La fraternal amistad que nos unió por muchos años, lo mismo que con su recordado hermano, Sergio Aguirre Solís, otro ejemplar ciudadano ya fallecido, nos obliga a seguir luchando para que algún día brille con todo su esplendor en nuestra patria el sol de la libertad y de la Institucionalidad Democrática. 

Danilo, como periodista, como diputado y como ciudadano común, nunca escatimó ningún sacrificio en aras de ver una Nicaragua mejor en el concierto de naciones. La mejor prueba la constituye el hecho mismo de que a pesar de su enfermedad, que por recomendación médica limitaba su radio de acción, él seguía lanza en ristre, elucubrando y opinando sobre el acontecer nacional.

Vayan,  en esta hora de profundo dolor, mis más sinceras condolencias para sus seres queridos, su esposa doña Alba, sus hijos, los periodistas por los que tanto hizo y quiso hacer, y para todo el pueblo de Nicaragua que con él pierde a uno de sus principales baluartes en la defensa de los más caros principios de nuestra nacionalidad.

*El autor es periodista 
San José, Costa Rica, 20 de noviembre del 2015.

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