Tito Leiva
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

La libertad está tomada de los pelos. No es un perogrullo ni una difamación, o lo que es peor un acomodamiento político. No. El mercado marca sus espacios y profundiza sus enfriamientos donde quien decide es el individualismo. La oferta es una correspondencia que avala la distracción del efecto humano. La oferta y mercado, no socializan.

Pero sí, provocan el involucramiento del no reconocimiento de quién es quién en el tinglado de las emociones, responsabilidades o consecuencias en el territorio. Vale la pena preguntar: ¿importa el futuro? Y más serenamente, ¿importa el futuro de todos? Le sugiero que no eche más dados sobre la contienda, porque el futuro es un discurso de sobrevivo yo, y el resto no es una necesidad. O sea, es una elección individual, pero no una necesidad que tenga sus legítimas correspondencias con el otro, el que ha estado esperando por años, esa oportunidad y se le niega, porque existe y se ensancha de manera imparable e incontrastable cierta precariedad de vínculos desde la condición humana.

¿Es una fotografía ilusoria? No. Es que no existe ninguna responsabilidad porque todo está definido y delimitado en contra del otro. Es que una buena parte opera desde el aparentemente convencional: sálvese el que pueda y cómo pueda y parece que reza algo lapidario: no se aceptan advenedizos ni sujetos sentimentales, y ya pare de sufrir, que sufrirá más.

Una voz convencida (que no defrauda) indica fríamente que ante tales acontecimientos,  lo que usted necesita y urge armar es su propia rueda, donde se exprese y actúe en libertad y colabore para que el mundo actual se ensanche mejor. De lo contrario usted y nosotros seguiremos perdiendo valores, ideas y buenas intenciones.

Ahora surge como desamparo, el egoísmo acompañado del prolongado vicio de  la inseguridad que desequilibra al otro y  predispone por el acechamiento a la sociedad. Resulta atropellante su ritmo implacable.  Nadie está a salvo. Nuestros problemas son parte del “nosotros” que se diluye en otros afanes menos humanistas y en solo pensar en uno mismo frente al espejo de las apariencias.

Suele decirse que la inseguridad es un negocio redondo de seguridad, (aunque es casi sobrancero decirlo) y  que es constante en las guerras, en la paz, como un asunto que se repite y profundiza a nivel global. Vale la pena, preguntarnos: ¿cambiamos nosotros o nos acomplejamos en el ritmo de las inseguridades? Las inseguridades van cambiando (aseguran otros muy convencidos) y se puede decir que se adaptan a los tiempos y que no podemos hacer nada frente a sus diversos matices.

Pero aunque haya que trabajarlas colectivamente, lo irónico y ridículo es que nuestras inseguridades son fruto de la comunidad e, incoherentemente, acudimos a ella, a la misma que las crea y fomenta, para solucionarlas también. ¿No es totalmente una paradoja? Es un círculo vicioso. Hoy, con voz contundente seguiremos buscando, interrogando, disintiendo, propugnando e involucrándonos en los andamios de la palabra y la acción para no dejarnos arrastrar por el amplio coro de voces menos humanistas y más ensanchadas en la oferta y el mercado.

*Poeta.

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus