Adolfo Miranda Sáenz
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Los nicaragüenses hemos sufrido mucho: terremotos, inundaciones, deslaves, dictaduras, represión, corrupción y guerras. Muchos han emigrado, y aunque unos se fueron por negocios, oportunidades de inversión, por traslados decididos por las instituciones donde sirven, por estudios, o por enamorarse de un extranjero o extranjera, la realidad es que la mayoría emigraron forzadamente, obligados a irse por las persecuciones políticas, las guerras o la pobreza. El caso es que los desastres naturales y las tragedias derivadas de la política nos han dejado huellas. Magnificamos lo negativo y políticamente nos polarizamos convirtiéndonos en fanáticos de uno u otro bando. Algunos andamos sofocados, muy apasionados y a veces pesimistas.

¡Pero siempre hemos salido adelante! Sabemos cuánto hemos sufrido, pero también cómo hemos logrado superar las vicisitudes. En la vida habrá siempre tiempos difíciles, calamidades y conflictos. ¡Así es la vida! Tomemos como ejemplo a Europa, que brilló con el esplendor del arte y la cultura de la civilización grecorromana de la antigüedad clásica, pero que al caer el Imperio Romano entró en una época oscura, sumida en el retroceso cultural y en un estancamiento social y económico; un periodo dominado por la ignorancia y la superstición. 

En el siglo XIV la peste bubónica mató a un tercio de la población europea. Infectaba la sangre provocando tos sangrante y pústulas en el cuerpo. Las personas afectadas morían a los tres días. En el siglo XVIII apareció otra peste devastadora, la viruela, causando millones de muertes. La pestilencia se olía en las calles de Europa. Las dos peores guerras de la humanidad se libraron principalmente en Europa. La I Guerra Mundial (1914-1918) costó la vida a 30 millones de europeos entre civiles y militares. En la II Guerra Mundial (1939–1945) murieron 60 millones de europeos, además de los heridos y mutilados, la destrucción de las ciudades y de casi toda la infraestructura.

También Europa sufrió dictaduras. Entre 1870 y 1930, debido a la represión política, crisis económicas y hambrunas, emigraron a América millones de europeos. Estados Unidos recibió 27 millones; Argentina, 7; Brasil, 5; Canadá, 4; Cuba, 1 millón; Uruguay, 500 mil. Incluso Nicaragua recibió cierto número de inmigrantes italianos, alemanes, franceses y de otras nacionalidades, que hoy son familias muy conocidas en nuestro país. 

Pero junto a esa historia negativa hay otra historia positiva. Europa tuvo su Renacimiento al final del oscurantismo y brilló nuevamente en el arte, las letras y las ciencias. Después de la devastación de las dos guerras mundiales resurgió desarrollada y próspera. Los tres países mejor desarrollados del mundo son europeos y el resto figuran entre los puestos más altos. Claro está que hoy Europa es ejemplar, aunque han habido altibajos y excepciones, y no aprobamos su pasada política de conquistas y colonización.

Sobre desastres naturales, nadie nunca está a salvo de sufrirlos. La erupción del Vesubio sepultó a Pompeya con sus 22,000 habitantes (año 79). El terremoto de Shaanxi (China, 1556) causó 500,000 muertos. El terremoto de Lisboa (Portugal, 1755), 100 mil muertos. La inundación del río Amarillo (China, 1931), 4 millones de muertos. Tragedias siempre ha habido y habrán.

Hoy estamos asustados por las amenazas en el mundo y sofocados por nuestros problemas nacionales. Es necesario enfrentar y resolver los problemas “sin  perder la cabeza”. El mundo sobrevivirá a la guerra contra ISIS, al cambio climático y a cualquier amenaza. Igualmente, en Nicaragua debemos trabajar por un mejor futuro, por resolver nuestros conflictos y saber enfrentar las situaciones adversas con serenidad y optimismo. ¡Calma! Recordemos que Jesús nos dice: “En el mundo tendrán aflicciones; pero no teman, yo he vencido al mundo.”

*Abogado, periodista y escritor

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