Salvador Mejía
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Así pues, somos inocentes en nuestro interior, en nuestro corazón, somos puros, somos el Espíritu Santo. Somos un río del Espíritu que fluye, llamándose vida. Somos espontáneos, pero nos hemos ido identificando con máscaras, que al ego le encanta coleccionar, evitándonos fluir y ser espontáneos.

La Inteligencia Emocional señala que la mente emoción al respecto de la mente racional, determina que los primeros impulsos procedan más del corazón que de la cabeza. No obstante hay otro tipo de reacciones emocionales que son simultáneas con los pensamientos.

Otras emociones aparecen porque las evocamos intencionadamente (entristecernos por un acontecimiento pasado). Pero la mente racional no decide a priori qué emociones debemos tener, sino que estas nos invaden como un hecho inevitable y espontáneo (no podemos decidir cuándo estar enamorados, furiosos o alegres).

La mente emocional al ser poco reflexiva, asume las propias opiniones como verdades absolutas. Por eso, tiende a rechazar con actitud visceral las opiniones ajenas.

Es la posibilidad de disfrutar del aquí y ahora, solo cuando somos capaces de centrarnos en el presente podemos disfrutarlo sin forzar nada. Los niños tienen una espontaneidad natural que les aporta magia, los adultos nos encargamos de ir perdiéndola asumiendo que la espontaneidad es más bien un acto de irresponsabilidad.

Hagáis lo que hagáis, hacedlo de la forma más total que os sea posible. Si disfrutáis caminando, ¡bien! Si de pronto os dais cuenta de que ya no tenéis el impulso o el deseo de moveros, entonces sentaos de inmediato; no deberíais dar ni un  paso en contra de vuestra voluntad.

Pase lo que pase, aceptadlo y disfrutadlo, y no forcéis nada. Si tenéis ganas de hablar, hablad. Si sentís que os apetece el silencio, guardad silencio, simplemente avanzad con la sensación.

Toda la humanidad se ha vuelto casi esquizofrénica, porque se nos ha enseñado a forzar las cosas. La parte que quiere reír y la parte que no nos permite reír se separan, y entonces quedamos divididos en dos.

Cuando pequeños actuamos espontáneamente, incluso cuando se está en el vientre de nuestra madre no tenemos ninguna intervención, todo lo dejamos a la vida, a Dios, que tiene el diseño perfecto.

Los animales son espontáneos, son dignos, saben que lo que hacen es lo que han venido a hacer y todo es acorde a su propósito. Las ballenas nadan por el océano y cuando sienten que es su hora de morir viajan a la playa. Las orugas cuando saben que es el tiempo espontáneamente comienzan a formar su capullo, y se transforman en hermosas mariposas.

Solo los seres humanos nos hemos olvidado de esa conexión divina con la fuente, la conexión con la plenitud, con Dios.

Ser espontáneos, ser uno mismo. Ser espontáneo es escuchar tu Yo Superior, ese que es uno con el universo, es amor, ser espontáneo es fluir, ser espontáneo es vivir, es estar inspirado, es vivir en verdad.

*Egresado de Psicología, UCA.

 

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