Francisco Javier Bautista Lara
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Las circunstancias económicas personales e internacionales fueron determinantes para empujar a Darío (1867-1916) de regresar a América y llegar definitivamente a Nicaragua. Después de quedar sin trabajo por el cierre de las revistas Mundial y Elegancias en París en donde era director literario –obligación que aceptó en 1911 por necesidad, según confesó-, en parte por la crisis general ante el inminente estallido de la Guerra de Europa (28/7/1914), llamada después Primera Guerra Mundial (1914-1918), el poeta regresó por corto tiempo a España, salió angustiado por la guerra y para emprender una utópica campaña por la paz en América que además le ayudara a resolver sus problemas financieros. Dejó a “Güicho” de siete años y a Francisca Sánchez, los únicos con quienes se aproximó a tener lo que llamamos hogar, después de la efímera relación con su primera esposa y madre del primogénito frustrada por la muerte temprana de la salvadoreña-costarricense Rafaela Contreras.

El 25 de octubre de 1914 salió de Barcelona, pasó por Cádiz y el 12 de noviembre llegó a Nueva York. Sufrió desde el principio, la aridez y el frío opaco del otoño, el gélido invierno neoyorquino lo postró con neumonía, continuando el deterioro de su salud física y emocional que fue irreversible.

La cuestión principal que movió a Darío fue la falta de recursos financieros para sostener a su familia, angustiado por el conflicto armado europeo que se expandía, sin empleo y sobreviviendo con los pocos honorarios del diario La Nación de Buenos Aires, del que fue colaborador desde que estuvo en Chile, a fines de la década del ochenta.

Si la crisis bélica no hubiera estallado, quizás la situación de las revistas de los uruguayos hermanos Guido, para quienes trabajaba, sería distinta, hubiera permanecido en París y resuelto sus gastos, ¿dónde lo hubiera atrapado la muerte? ¿O quizás la vida se hubiera prolongado?

Refirámonos a otro asunto económico anterior que afectó la vida laboral y emocional del poeta. Cuando Zelaya fue obligado a renunciar a la Presidencia de Nicaragua en diciembre de 1909, Darío era embajador de su país en España. La inestabilidad del gobierno liberal, las tensiones políticas, militares y diplomáticas durante ese año, atrasaron los pagos por honorarios y gastos de la representación diplomática en Madrid.

¿Cómo sobrevivió el funcionario, poeta, prosista y cronista durante esos meses? Tuvo escasez, recibió ayuda de los amigos y dejó numerosas deudas… El 25 de febrero de 1910 tuvo que renunciar al puesto cuyo nombramiento recibió con entusiasmo el 21 de diciembre de 1907, en ocasión de la apoteósica recepción en Managua por el retorno a la patria después de casi quince años de ausencia.

A fines de 1914, estando en Nueva York, Darío reclamó al Embajador de Nicaragua en Washington, Salvador Calderón Ramírez, por los salarios no pagados. Afirmaba que la deuda ascendía a 40,000 pesetas. También escribió al agente financiero del gobierno nicaragüense, Pedro Rafael Cuadra Pasos, reclamando por los pagos no efectuados durante la administración de Zelaya.

Cuadra reconoció que la deuda ascendía a 4,000 dólares. Para esa fecha, según estudios del Banco Central de España, el tipo de cambio oficial de la peseta con respecto al dólar era de 5.34 x 1.  El córdoba comenzó a circular en Nicaragua en marzo de 1912 -antes existió el peso-, la nueva moneda tenía paridad idéntica al dólar estadounidense. De tal manera que 5.34 pesetas equivalían a 1 córdoba. La deuda de 40,000 pesetas equivalía aproximadamente a US$7,490 ¿Cuánto vale hoy ese monto de dinero? Según el Índice de Precios al Consumo de España, a diciembre de 2014, un siglo después, equivale a 174,000 dólares. Si consideramos los 4 mil dólares que Cuadra aceptó, estos serían ahora 93,000 dólares, ¡mucho dinero!, nada fue pagado, las pequeñas ayudas que aprobó el Congreso y el presidente Díaz en los últimos meses de Darío, agobiado por la enfermedad y las carencias, las recibió a regañadientes, insistió que deberían ser a cuenta de la voluminosa deuda pendiente.

¿Hubiera resuelto Darío su angustiante situación económica si los sueldos los pagaran a fines de 1914? Si así hubiera sido, quizás no va a Guatemala en donde fue huésped condicionado de Estrada Cabrera, ni continuara aún para su tierra natal, lugar del principio y del fin. Tal vez decidiera regresar a España donde su hijo menor y su madre, o les enviara dinero para reducir la angustia que cargaba ante las carencias que pasaban… allá estaban sus afectos…

¿Y si le hubieran pagado en España después de dejar París? El principal motivo personal de la salida de Barcelona hacia América no existiría, quizás se hubiera quedado allá… ¿La existencia se le hubiera prolongado? ¿Quién sabe? Entonces, ¿adónde lo hubiera atrapado la muerte?

www.franciscobautista.com

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