Erick Aguirre
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

Se dice que el cuento es la forma más antigua del arte literario, y quizás inicialmente la más simple: empezó con la relación oral (nos gusta creer que alrededor de fogatas nocturnas) de un  “cuentero” o relator de múltiples historias. Sin embargo, conforme ha pasado el tiempo, el cuento, o más bien lo que conocemos hoy como relato corto, ha llegado a convertirse en una forma literaria de expresión que exige de su ejecutor determinadas, y frecuentemente complejas, condiciones.

En su libro El guardián lector (2015), que contiene diecinueve relatos y una (llamada así) “micronovela”, aunque no confiesa amateurismo en lo concerniente al relato corto, Guillermo Menocal adelanta en nota previa que no se considera un novelista, sino más bien un “poeta-narrador amateur”.

Es esta una modestia que, al menos para mí, se hace aún más evidente tras la lectura de los textos, que valga decir: aunque no todos cumplen ciertas exigencias complejas del cuento corto moderno, o postmoderno, sí constituyen composiciones literarias amenas y entretenidas, que inician, desarrollan y terminan (casi siempre felizmente) una o varias anécdotas; sin abandonar ese talante de relator naive, tan antiguo y tan moderno como los cuenteros de la antigüedad o los cuentistas profesionales más contemporáneos.

No solo por su brevedad, sino también por la tensión y la amenidad transferidas por el lenguaje y el orden estructural dispuestos por el autor, los relatos de El guardián lector pueden leerse completos, ininterrumpidamente, sin correr el riesgo de aburrirse y abandonar la lectura.

Al mismo tiempo que entretienen, estos relatos también dejan lecciones no solo vivenciales, sino también literarias, pues la forma de contar del narrador, a veces rayan en el desparpajo, implica también un aporte a las formas del relato moderno. Son relatos que describen y recrean ambientes aparentemente simples, pero que trascienden su aparente trivialidad a través de las diversas perspectivas asumidas por la voz que los narra.

Se trata de una sola voz narrativa que cuenta todas las historias, por lo cual, si accediésemos al capricho lector de unirlas y atisbarlas en perspectiva armónica (y si, como lectores activos, también agregáramos a las historias los hilos conductores que pudiesen otorgarles una forma unitaria más amplia), podría antojársenos asumirlas como una misma historia más amplia, es decir, como una novela.

Son historias que bien pueden ocultar, o traslapar casi inadvertidamente, a través de un mismo tipo de lenguaje y una misma voz narrativa, una quizás no intencional pretensión novelesca. Eso me lleva a la observación del autor en la nota previa, acerca de que los personajes de estos relatos son verdaderos, aunque a veces “concebidos y motivados por la imaginación, otras por la realidad, ora por ambas”.

Tal advertencia me recuerda los múltiples para-textos en la historia de la literatura, con los cuales muchos narradores han pretendido dar visos de realidad o de verdad a las historias que solo ha concebido su imaginación, o viceversa. Se trata de un juego especular que involucra el recurrente anatema realidad-ficción o verdad-imaginación, que es con el que por milenios se han entretenido y apasionado los escritores y lectores de ficción. Por tanto sugiero hacer caso omiso de la advertencia de Menocal y asumir estas historias como plena y legítima ficción.

En cuanto a “Mario Luna”, que según el autor deberíamos aceptar como una “micronovela”, me atrevo a sugerir que, ante el libre albedrío otorgado al lector por Menocal, sea más bien asumida como una nouvelle, que pese a haber sido agregada como apéndice al conjunto de múltiples historias de este libro, y pese a ser también narrada por una familiar voz narrativa y alardeando del mismo tono, del mismo lenguaje claro, ameno y hasta desparpajado; goza de plena independencia como pieza novelística.

Aunque eso, más que a los críticos, al igual que el autor yo también lo dejo al libre albedrío del lector. A fin de cuentas los lectores (entre los que se cuentan también los escritores) siempre hemos gozado de esa generosidad que nos permite, a través de inspiradas mentiras, conocer al menos partes de la gran verdad del mundo.

* Escritor y periodista.

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus