Mónica Zalaquett
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“Me llamo Graciela y tengo 26 años. Cuando tenía 5 años mi papá murió de cirrosis porque tomaba mucho y usaba drogas. Era un hombre violento que le pegaba casi a diario a mi madre y lo peor de todo es que también la violaba delante de los cinco hijos. Nosotros nos quedábamos paralizados y aunque ella gritaba, mi abuela no la defendía sino que más bien le metía cuentos a mi papá para que la golpeara.

Yo no podía entender por qué hacía eso, porque a  nosotros mi padre nunca nos golpeó, sino que más bien nos chineaba, nos llevaba al parque y nos cuidaba bastante. Yo lo quería mucho y por eso sufrí bastante cuando él murió y cuando mi madre perdió su pierna izquierda un mes después en un accidente de bus. Con todo lo que le había ocurrido ella ya no quería vivir, pero mis tíos la convencieron de seguir adelante porque tenía cinco hijos a su cuidado.

Un tiempo después, mi madre se juntó con un hombre que también era discapacitado y los primeros años todo estuvo bien, pero cuando fui creciendo pasé un año de terror cuando él se levantaba a tocarme y amenazarme con matar a mi mamá si decía algo. Un día en que él no estaba le dije a mi mamá lo que hacía y ella le reclamó, pero él me acusó de mentirosa y mi madre no hizo nada. Al día siguiente me levanté temprano, agarré un bolsito con una “mudada” y me fui donde mi abuela. Tenía 11 años y me quedé con ella hasta los 14, cuando conocí a mi actual pareja y me fui a vivir con él.

Ahora llevo un mes de casada y once años de acompañada con el mismo hombre. Tenemos una niña de 10 años y estoy esperando un bebé que nacerá en estos días. Al inicio, mi esposo tomaba día por medio y era muy violento, me gritaba, me golpeaba y me corría de la casa, pero hace unos cinco años comenzó a asistir a los talleres del Ceprev y cambió completamente, superó su alcoholismo, dejó de golpearme, gritarme y amenazarme y más bien se volvió atento conmigo, me ayudaba en la casa a cocinar, a lampacear, nos daba amor y platicaba conmigo y la niña de lo que había aprendido con esa organización.

Un día me invitó a participar porque yo lloraba mucho al recordar que mi madre no me había creído. Asistí a varios talleres y pude comprender que mi madre había preferido a mi padrastro por todo lo que ella misma había pasado. Entonces pudimos platicar y ella me pidió perdón. Ahora estamos muy relacionadas, pegadas diría yo, porque está pendiente de mí y de mi embarazo, a pesar de que es una mujer discapacitada.

También pude perdonar a mi padre, porque aunque lo quería bastante me pesaban mucho los recuerdos feos de los abusos a mi madre. Comprendí que él había aprendido ese machismo de mi abuelo, que le hacía a su madre lo mismo que él le hacía a la mía. En el Ceprev también me enseñaron a tratar a los hijos con amor si queremos tener una familia unida y sin violencia.

Ahora mi pareja es promotor del Ceprev, él ayuda a otras personas dándoles charlas y educándolas en estos temas en nuestra propia casa. Por ejemplo, apoyó a una pareja que se había separado por las infidelidades del marido. La joven se quiso suicidar, pero él le ayudó a reflexionar y a mejorar su autoestima. Cuando ella volvió con su marido, él también asistió a las capacitaciones y ahora vemos que ya no es violento y que está unido con su esposa y sus hijos.

Creo que muchas veces la violencia se debe a la ignorancia de la gente, a que repetimos lo que hemos visto desde chiquitos hacer a nuestros padres sin comprender los errores que ellos cometieron, pero cuando vemos cómo son las cosas y tenemos la oportunidad de reflexionar,  cambiamos.

Por todo eso me siento bien ahora que hay amor y paz en nuestra casa. Mi varoncito va a nacer y pienso aplicar todo lo que aprendí en su educación, voy a platicar con él de los peligros que hay, le voy a enseñar a amar y respetar a las mujeres y jamás le voy a inculcar el ser violento o jugar con un arma. No quiero que sea otra víctima del machismo y que vaya a sufrir lo que tantos jóvenes que se drogan y se enfrentan en las calles”.

*La autora recoge testimonios de personas que desean compartir sus experiencias de cambio.

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