Augusto Zamora R.*
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Salió recientemente un estudio sobre niveles de ignorancia por países, saliendo los nuestros, como cabía esperar, en las posiciones menos agraciadas.

Inexactitudes aparte, el estudio debe ser motivo para pensar. De entrada, Latinoamérica, después de Europa, es la región independiente más antigua.

Por años de independencia deberíamos estar en la vanguardia mundial, pero no es así. Hemos mejorado, pero seguimos lejos de poseer niveles educativo-culturales básicos.

Los índices de lectura son exiguos; se escribe horriblemente mal, con niveles atroces de faltas de ortografía y redacción; culturalmente, somos países tristemente analfabetos.

Hace escasos días comenté a dos universitarios un pasaje de El Padrino, el célebre filme de Coppola y --asombro de asombros-- jamás habían oído hablar de esa película.

Hace también pocos días comenté a una egresada universitaria que el Lincoln Memorial parecía inspirado en el Partenón. Recibí por respuesta ¿Qué es el Partenón?

Ya ni preguntar por el Taj Mahal, los Rubaiyat o, sin ir muy lejos, Teotihuacán. Tampoco incurrir en el pecado de la geografía o --peor aún-- la física teórica o la música.

Hay un colegio, en mi pueblo natal, donde las notas no dicen nada. Por experiencia, contaba el director, saben que llegan alumnos con notas magníficas y niveles muy bajos.

Países sin hábitos de lectura, centros de enseñanza carentes de profesores y medios, universidades de chiste, contribuyen a explicar el fracaso.

Aunque el foso se ahonda por desidia, siempre cabe la esperanza. Lea. Anime a leer.

az-sinveniracuento@gmail.com

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