Félix Navarrete
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Llegó diciembre y termina otro año.  Otra vez las principales calles se llenan de adornos y suenan los villancicos en algunas emisoras que aún se transmiten en AM. El cielo se pinta de un celeste intenso. Es Navidad y nuestros corazones  acostumbrados a los placeres de este mundo ajustan sus ritmos al vaivén de las emociones de la propaganda y los bolsillos. En esta época los días son largos y las noches cortas y frescas. Ricos y pobres se dan una tregua. El planeta entero se vuelve light por un mes y el egoísmo sale  temporalmente de nuestras entrañas.  Las tiendas exhiben sus mercancías simulando felicidad y prosperidad. Las diferencias sociales se ocultan temporalmente tras el torbellino multicolor de las fiestas. Y en medio de ese ambiente festivo, la gente olvida por un mes las diferencias  y se vuelve buena de repente. 

Diciembre es magia y esplendor. Es color y máscaras. Es explosión de sentimientos encontrados. Es el mes de la oferta y la demanda. Es el tiempo de la hipocresía social. La iglesia Católica celebra el nacimiento de un hombre llamado Jesús ocurrido hace más de dos mil años en un humilde pesebre. Era una  noche fría  en que María, José y un burrito fueron los únicos testigos de este histórico acontecimiento. Pese a que había nacido un rey, no fue recibido con pompas ni protocolos. No tenía glamour.  Obviamente, su reino no era de este mundo. 

Sin embargo, los cristianos modernos corrigieron el espíritu de su nacimiento  y celebran hoy a un Jesús comercial y consumista estrenando los mejores trajes y consumiendo exquisitas viandas y finos licores, mientras millones de personas indigentes en el mundo no tienen un mendrugo de pan para llevarse a la boca.

Algunos utilizan la Navidad para medir sus recursos financieros y alimentar su vanidad. Pululan por las tiendas del país en busca de la mercancía más novedosa para exhibirla. Se compran el carro del año o cambian de casa y celebran una fiesta social para repartir besos, regalos, alcohol, comida y exhibir sus nuevas adquisiciones materiales. A la medianoche, tras la parafernalia de luces que iluminan el cielo, el hechizo se acaba y vuelven a  retomar su vida.

Otros, con menos recursos financieros, son víctimas inconscientes de la propaganda y del ambiente, y sacrifican sus pequeños ingresos económicos para   no quedarse atrás en la competencia materialista y se endeudan para quedar bien con sus hijos y vivir una falsa fiesta.

Creo que todos somos víctimas de esa emoción que se disipa con los días. Apenas se cierra el telón de diciembre, y los bolsillos quedan vacíos de tanto gasto y derroche, volvemos a nuestros mismos afanes y estilos de vida, y el espíritu genuino  de estas fiestas  se queda agazapado en las tradiciones y ritos puramente religiosos. 

Pienso que debemos vivir otra Navidad, más auténtica y verdaderamente cristiana.   Me refiero a esa festividad en que Cristo renace en nuestros corazones para siempre y comienza a desterrar el egoísmo, la vanidad, las ambiciones materiales, el odio, los resentimientos y todo aquello que nos aleja de la felicidad. 

Por lo tanto, la Navidad no es una feria materialista ni una gigantesca cita comercial ni una cena pantagruélica,  sino un reencuentro íntimo con ese Jesús que desde hace dos mil años nos mostró la única manera de ser feliz; practicando el amor.  Y amar es compartir con el amigo  necesitado, con el familiar que sufre y no miras desde hace tiempo porque lo desprecias. Navidad no es un simple intercambio de regalos, es agradecer la amistad  y los favores recibidos; es dar y compartir. Es perdonar, reconciliarse con uno mismo y con los demás. Es una ocasión propicia  para dar amor y  poder recibir. 

Solo le  advierto algo: Si esta Navidad no tiene mucho dinero, no se preocupe.  No es el único. Preocúpese por tener salud,  una esposa que lo quiera, unos hijos que lo respeten y un Dios que puede contar con él para enfrentar con éxito los restantes días que le quedan por vivir. ¡Ah, y por favor,  no  se  emborrache!  Espere a Jesús con la mente sobria y el espíritu embriagado de amor. Feliz Navidad. 

Managua, 14 de diciembre de 2015.
Email: felixnavarrete_23@yahoo.com

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