Raúl Obregón
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  • El Nuevo Diario

Durante los días más difíciles y oscuros del duelo que me tocó vivir por la muerte de mi hijo —en esos días que se pierde por completo el sentido de la vida y que quizá lo que uno más quisiera es poner fin al dolor y al sufrimiento desapareciendo para siempre—, visité un establecimiento donde colgaba de una pared un cuadro con un pensamiento que decía: “El nacimiento es una clara señal de Dios que la vida debe continuar”. 


Ese mensaje me indujo a reflexionar acerca del porqué y el para qué de la vida; me encontraba en una crisis de duelo en donde lo que predominaba y atiborraba mi mente era la muerte; sin embargo, pareciera que poco a poco se abrió un camino hacia la aceptación de la desaparición física de mi hijo, lo cual se produjo un tiempo después, cuando Jesus tocó las puertas de mi corazón y lo acepté como mi Señor y salvador. Me condujo hacia un nuevo nacimiento y se inició el proceso de sanación que aún no concluye, pero mediante el cual se han renovado y potenciado el sentido y propósito de mi vida, y me indican que hay razones para vivir, y que la vida debe continuar.


El nacimiento de un ser querido es motivo de alegría, es un hecho vital, que marca un antes y un después en el seno de las familias. No se diga la llegada al mundo de un ser excepcional y único, como Jesús de Nazaret, cuyo nacimiento fue anunciado muchos siglos antes cuando el profeta Isaías lanzó la palabra: “He aquí, la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel, que significa Dios con nosotros”.


Las festividades en que se conmemora el nacimiento de Jesús  son propicias para la alegría y el compartir en las familias, pero también de tristeza para aquellas personas y hogares que atraviesan momentos difíciles por diversas causas. En situaciones de duelo en estas fechas da la sensación que se amplían los vacíos dejados por seres queridos que han partido, activando emociones negativas, removiendo dolor y sufrimiento.


Aún en circunstancias complicadas, debiéramos congratularnos con la Navidad porque es una excelente noticia, pues representa el inicio de una etapa para la humanidad, es una señal clara de Dios de que la vida debe continuar regida por principios, preceptos y mandatos novedosos.


Jesús nace para marcar un camino nuevo, para impulsar cambios trascendentales con el fin que las personas vivamos a plenitud. Para que no sigamos ciegamente lo que otros están haciendo, sino que pongamos en práctica el discernimiento y libre albedrío que Él nos da para que sepamos elegir el camino correcto.


Él nos enseña que en vez de aplicar el principio establecido de ojo por ojo, diente por diente, hagamos el bien a quienes nos hacen daño; que perdonemos en vez de odiar; nos enseña a bendecir en vez de maldecir.


Y esa es la esperanza a la que debemos aferrarnos todos los que hemos perdido seres queridos, que su nacimiento debe ser motivo de alegría, porque es una clara señal de Dios Padre de que la vida debe continuar y que hay vida después de la muerte.
Queremos saber de Uds. Les invitamos a escribirnos al correo crecetdm@gmail.com

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