Augusto Zamora R.*
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  • El Nuevo Diario

En un lapso breve, Nicaragua viene siendo afectada por tipos nuevos de enfermedades de las que, hace una o dos décadas, poco más, no se oía hablar.


De pequeños éramos vacunados contra el tétano, sarampión, polio, viruela… Había campañas contra la malaria. Eso era todo. Hoy son pandémicas enfermedades de 
nombres raros.


Chikungunya, originaria de África y del subcontinente índico. Zika, identificada por vez primera en los bosques de Uganda. El mal de Chagas, americana, pero antes residual.


No es nuestra región la única afectada. El calentamiento global está provocando la aparición de enfermedades tropicales en países europeos, antes protegidos por el frío.


Están los casos de enfermedades que brotan intempestivamente, como el ébola o el sida.


La expansión de enfermedades ha sido parte de la historia de la humanidad. No obstante, esa expansión podía llevar siglos o ser resultado de emigraciones masivas.


Como suele pasar, los países pobres suelen ser los más afectados por tales pandemias. Por la misma falta de recursos; las malas condiciones de vida, higiénicas o de hábitos.
En el presente, las enfermedades pasan de África o Asia a América en semanas o meses.


Por eso mismo deberemos tomarnos muy en serio el problema del cambio climático.


Protegiendo los bosques y fuentes de agua, reforestando, adquiriendo hábitos que ayuden a limitar esas enfermedades. Ayudándonos, en definitiva, a nosotros mismos.


Los países ricos disponen de recursos para protegerse. Nosotros no. Un detalle a considerar.

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