Francisco Javier Bautista Lara
  •   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • El Nuevo Diario

Refirámonos a cuestiones cotidianas que están normadas, pero que en general se olvidan e incumplen por costumbre, comodidad, ignorancia, incapacidad o conveniencia común. Aunque esta afirmación parezca sacrílega, principalmente para los académicos del derecho, seguramente al final del texto coincidirán conmigo: si de repente como por arte de magia, todo lo normado para la convivencia cotidiana se exigiera y cumpliera, el país colapsaría, la sociedad sería incapaz de soportar ese funcionamiento, porque los grupos sociales, el sistema económico, la nación requiere recorrer un camino pendiente, quemar procesos socioculturales e institucionales que le permita madurez y capacidad de convivencia, aprendizajes colectivos, en caso contrario, será como frenar de repente un vehículo que corre a gran velocidad, habrá el riesgo de darse vuelta e irse al precipicio.

Los ejemplos ilustrarán lo planteado. ¿Conocemos la Ley de Tránsito? Dicen que nadie puede argumentar desconocimiento de la ley, aunque sabemos que muchos ignoramos esta y otras. Me referiré a tres asuntos, no a todos. El primero: todo vehículo tiene una capacidad de carga y pasajeros, pero es común encontrar automotores particulares y del transporte colectivo con más ocupantes de lo establecido, y de carga con personas en la tina, en toldos o volquetes, utilizados para transportar personas, y ¿el peso de lo que cargan? ¿han visto camiones y camionetas con la capacidad sobrepasada? Segundo, los vehículos deben realizar el control de emisión de gases, ¿cómo hacen algunos para circular libres en las calles con el chorro de humo negro y tóxico detrás? Habrán cumplido el trámite formal quizás mediante mecanismos irregulares, pero no con el nivel permisible de emisión de gases. Tercero: el uso del cinturón de seguridad es  común que se exija al conductor y al pasajero del asiento delantero, pero la ley  dice que es “para el conductor y acompañantes de un vehículo automotor”, ¿dónde están los cinturones de seguridad de taxis, microbuses y buses de transporte selectivo y colectivo? ¡Habrá que multar o paralizar a la totalidad del transporte colectivo! Imaginemos que de repente se exigieran con rigurosidad estas disposiciones, ¿qué ocurriría con el transporte? Por un lado no veo capacidad institucional para hacer cumplir lo normado y por otro, faltan condiciones reales, el sentido de responsabilidad y educación social necesarios.

Veamos otras normas. Las impositivas y comerciales. ¿Qué pasaría con la informalidad económica prevaleciente? ¿Y los “mercados ilícitos y subterráneos” que subsisten con la economía formal, en límites difusos? ¿Cuántos no pagan ni cuota fija, cuántos pagan cuota fija debiendo ser retenedores, cuántos están al margen de cualquier regulación comercial y tributaria, y tienen su negocio para sobrevivir o enriquecerse? Veamos otras regulaciones, controles y permisos necesarios, obviemos por el momento lo engorroso e inútil de algunos trámites y la posible corrupción, las dos “justificaciones” para evadir, y agreguemos para cerrar “la necesidad”, que a fin de cuentas todo lo permite.

¿Si revisamos las normas laborales? ¿Cuántos empleadores pagan por debajo del salario mínimo? ¿Cuántos trabajadores(as) de servicio en hogares, vigilantes y otros están fuera de la Seguridad Social? ¡La mayoría! es la realidad por la costumbre y la estructura socioeconómica. El 70% de la población ocupada no está en la Seguridad Social.

Enumeremos otras normas y regulaciones incumplidas, conocidas pero obviadas, a veces recordadas: botar basura en cualquier lugar, rótulos en intersecciones que cortan visibilidad, publicidad que prolifera cortando la vista natural y urbana, andenes utilizados para parquear vehículos o instalar negocios, aceras cortadas por numerosos postes, cebras peatonales inexistentes o que no se respetan, señales de tránsito robadas o destruidas, que no se reponen o no se instalan, contaminación ambiental, piratería (música, películas y libros), irrespeto a derechos de autor, iglesias y otros aturden con el ruido en ejercicio legítimo de su derecho, pero atropellando el del vecindario al silencio…

Una sociedad que funcione en armonía requiere menos leyes y más educación, mayor conciencia cívica, lo que es una deseable y necesaria utopía global, local y actual. Una sociedad en donde prevalezca el desencuentro y el conflicto –lo común, en niveles razonables–, requiere más normas, más regulaciones, pero cuando su complejidad aumenta, pierde capacidad para cumplirlas, proliferan las regulaciones y controles, abundan las prohibiciones pero las instituciones serán incapaces de hacerlas prevalecer.

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus