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Esta semana he recibido una serie de mensajes ­--todo buena cosecha, como dijo Darío-- sobre el artículo anterior. De antemano deseo aclarar que no es mi intención ir contracorriente con lo que ­--muy mal que bien-- se ha instituido, ni siquiera aguar alguna fiesta, sea cual sea ­--en este caso pagana­--. Pero esta pregunta enviada que sirve de título me gustaría contestarla con la mayor sencillez y claridad posible. Solo para argumentar que esta es otra Navidad sin Dios.

Si algo aprendí en mis antiguos estudios de latín y griego, allá cuando estudiaba en la universidad y era entrenado por dos maestros excepcionales para impartir estas lenguas --uno de ellos experto de la Academia Nicaragüense de la Lengua­--. Y más tarde en el extranjero por el experto de la RAE en griego, fue que la cultura de los pueblos que usaban estos idiomas estaba plagada de adoraciones a deidades de todo tipo. Estas eran representaciones de las más mínimas simplicidades: el dios de los ríos, el dios de determinada familia…

Adentrándome en su cultura e historia, leí mucho y descubrí sus principales dioses y fiestas. Una de ellas se celebraba del 17 al 23 de diciembre llamada las saturnales. Adivinen cómo se celebraba: con festejos ­--incluyendo rameras­--, mucho vino e intercambio de regalos. Pero el día importante era el 25 de diciembre: día del nacimiento del sol victorioso o invicto, que coincide con el solsticio de invierno. 

Esto indicaba un período de descanso de las labores anuales. Y lo festejaban en familia, dándole de comer a los hambrientos, liberando por ese día a los esclavos y nuevamente embriagándose hasta donde aguantara el cuerpo, con sacrificios y orgías. La pregunta es quién decidió imponer esta celebración y la hizo ­--desastrosamente­-- coincidir con el nacimiento del Cristo Vencedor. Los padres de la iglesia romana, quienes al no poder eliminar estas celebraciones paganas, simplemente las fusionaron.

Lo mismo que hicieron con las fiestas de santo Domingo en Managua, san Pedro en Diriá y muchas más. En la primera los indígenas en tiempo de sequía bajaban de las Sierras con una canoa hacia el Xolotlán. En la segunda, cuando el cacique subía de la laguna de Apoyo al pueblo, se celebraba al calor de la chicha con golpes de varas entre los indígenas. ¿Coincide con lo que se sigue haciendo? Si quiere más, investigue quién era la diosa Coatlicue en México, su lugar de adoración ­--Tepeyac­-- y qué lugar de adoración existe sobre él hoy.

Pero volviendo al tema, si usted estudia un poco, solo un poco la Biblia ­--a lo que me dedico ahora que estudio Teología­--, se dará cuenta, haciendo un poco de suma, consultando la historia y un poco de sentido común ­--no es necesaria la herméutica­--, que Jesús nació en marzo o septiembre, todos los pasajes llevan a esa conclusión. Lo único bueno de esto es que algunas familias se reconcilian y otras comen juntas y comienzan a crear un nuevo ambiente, positivo en este caso. Hasta ese hombre que se bambolea en el Vaticano lo dijo: solo hay que ver a Dios, no importa las circunstancias ­--en este caso contextuales y erradas­--.

Pero si usted de verdad quiere saber a quién se celebra cada diciembre, solo ponga un poco ­--solo un poco­-- de atención y conteste estas preguntas, le tomará un segundo cada una: ¿se hacen intercambio de regalos? ¿La gente se emborracha hasta más no poder? ¿Hay más violencia en las calles? ¿La gente se ve atrapada en el torbellino del consumismo? ¿Entramos al solsticio de invierno?

* Periodista y escritor
leslinicaragua@yahoo.com

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