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Las fiestas de fin año, Navidad o Año Nuevo, son esas en las que se supone debemos pasar un buen tiempo en familia, recordar las cosas buenas y los logros que hicimos en el año, cocinar una respectiva comida, disfrutar con amigos y prometer nuevas metas para el próximo año, pues, eso se dice. Preparar el nacimiento del niño Jesús. 

Y esperar la llegada de la medianoche y ver cómo se enciende en pólvora el cielo de Nicaragua. Abrazar a cada miembro de nuestra familia, pero en ese exacto momento pasa algo que muchos hacen, ese momento cuando las personas lloran por extrañar a familiares que están muertos, que ya no los volverán a ver, que desearían que estuvieran ahí para darles un abrazo, para pedirles perdón tal vez, para decirles que los quieren cuando no tuvieron la oportunidad.

La familia es lo más importante que tenemos, que al final de cuentas es lo único que nos queda, donde nos acogemos por los problemas, donde aprendimos a vivir, donde nos definimos, quienes nos construyeron un futuro al principio de todo, y perder a uno de ellos nos impacta, pero a veces sufrimos porque queremos. 

No nos queremos dar cuenta de que ellos ya se fueron, ya no podemos hacer nada, llorando no los vamos a regresar, ya vivieron lo que tuvieron que vivir, ya nos dieron las lecciones que necesitábamos aprender, ya les tocó la hora, ya están en un mejor lugar que donde estamos nosotros, y tenemos que respetar eso, el amor hacia una persona no es siempre tenerla atada a nosotros, sino también dejarlas ir para que vivan la otra vida. Según dicen, entre más se llora a un muerto, más tarda en irse al otro mundo. 

Veces antes dije que las personas nos cegamos y nos cerramos en conceptos que nos parecen correctos, pero no los son. Pensamos que la muerte es lo más trágico que nos puede suceder, pero en los días actuales, tal vez la muerte sea lo mejor que nos pueda pasar, porque este mundo se está destruyendo y nos evitaríamos gran sufrimiento, pero algunos no lo ven de esta forma, y tendrían vivos a sus familiares a toda costa, a veces sin saber qué quieren ellos. 

Yo creo y siento que la vida es lo mejor que puede pasar, solo si lo hacemos de la manera correcta y nos enseñar de esa forma. 

Entonces, las fiestas de estas épocas van más allá de las comidas, borracheras y pólvora. Estas fiestas, pienso yo, son el tiempo en que debemos actuar mejor, querer más a nuestra familia, demostrar que somos mejores cada día, proponernos metas que sí cumpliremos y no llorar por los que ya no están, sino celebrar, porque ellos nos esperan en la otra vida y ellos están viviendo mucho mejor que todos nosotros y si ellos están en un plano espiritual, mejor debería eso llenarnos de alegría y de satisfacción, y claro, recordarlos con amor, con cariño, con ejemplos, de todos los buenos momentos en que estuvieron con nosotros. 

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