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Una característica del cine estadounidense son los niveles de violencia, muerte y destrucción existente en buena parte de su filmografía. Tiene --casi-- monopolio del género, empezando con las películas del “Oeste” y sus matanzas interminables de indios.

Las de gánster de los años 30 y 40 crearon género. Directores como Sam Peckinpah hicieron de la violencia marca personal (director magnífico, es pertinente señalar).

Comparado con la cinematografía de otros continentes, la estadounidense chorrea sangre. El género “gore” nació allí, con Halloween o Freddy Krueger como bandera.

El cine, como la literatura y otras artes, es reflejo de cada sociedad. Su espejo.

Según The Washington Post, en 2015, en EE.UU. la policía ha matado, ella sola, a 965 personas. Una media de casi tres por día. En Iraq, en 2010, el año más duro de guerra, perecieron 711 soldados. Como si EE.UU. viviera una guerra encubierta.

Por su parte, el diario The Guardian informaba, hace unos meses, que, en EE.UU. la policía había matado en un mes lo que la Policía de Australia en diecinueve años. En 2012, en Alemania, la Policía mató a siete personas, es decir una cada 52 días.

A este dato habría que agregar las víctimas por armas de fuego, que suman unas diez mil por año, cifras propias de guerras abiertas, no de sociedades en paz.

Datos para pensar de un país que dice ser faro del mundo y más parece campo de tir

az-sinveniracuento@gmail.com

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