Adolfo Miranda Sáenz
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Con su doctrina social la iglesia católica se preocupa por la vida humana en sociedad, consciente de que la existencia de relaciones de justicia y de amor adecuadas son decisivas para la promoción del hombre y la mujer en la vida social, sea en las relaciones familiares, de trabajo, entre los ciudadanos y su gobierno, en las relaciones comerciales entre las naciones o en las relaciones internacionales de las que depende la convivencia de países poderosos o débiles, ricos o empobrecidos. En toda sociedad están en juego la dignidad de las personas, los derechos humanos y la paz, que deben ser logrados y garantizados. Por eso la iglesia enseña y promueve una doctrina social que surge de la palabra de Dios, la Sagrada Biblia, y que es a la vez una tarea de anuncio y de denuncia.

Esa tarea es ineludible para la iglesia, pues se trata de llevar a la práctica concreta el amor y la justicia, que son enseñanzas del corazón mismo del Evangelio de Jesucristo. La iglesia está obligada a anunciar, proclamar, predicar, enseñar el amor y la justicia, y a denunciar todo no-amor e injusticia (lo contrario al amor no es necesariamente el odio, sino frecuentemente el no-amor; por ejemplo, la indiferencia).

Cuando se dice “Iglesia” a veces pensamos en el Papa, los obispos, los sacerdotes… es decir, en el clero. Pero la Iglesia está formada por todas las personas que por medio del bautismo fuimos incorporados a ella. El clero en realidad es una pequeñísima parte de la iglesia, pues más del 99% de sus miembros somos laicos que debemos asumir gran parte de la tarea de anunciar el amor y la justicia, y denunciar el no-amor y las injusticias. Al Papa y los obispos, llamados por Jesús a ejercer el Magisterio de la Iglesia, les corresponde enseñarnos en cada momento histórico las líneas doctrinales, los principios y valores cristianos del amor y la justicia, y en determinadas situaciones levantar su voz profética denunciando situaciones concretas que van en contra de la dignidad de la persona, los derechos humanos y la paz.

Pero corresponde a los laicos la tarea de construir en toda sociedad el amor y la justicia, promover el respeto a la dignidad de las personas y los derechos humanos, y procurar la paz. Somos los laicos quienes dentro del mundo debemos trabajar cada día por un orden mundial más equitativo, por el respeto a los derechos humanos en todo país, por relaciones laborales justas y por familias donde se respeten la dignidad de las personas. Es decir, en toda colectividad humana reinen el amor y la justicia.

Nuestra doctrina social nos enseña cómo proceder. No nos ofrece solamente principios y valores, sino también normas y líneas de acción. Pero la iglesia no pretende dar recetas políticas, no es un partido político ni opta por una ideología en particular, sino que muestra las exigencias que deben respetarse y cumplirse en toda sociedad por cualquier tipo de gobierno, partido o sistema económico, teniendo en cuenta los principios y valores cristianos, y con ellos formar las conciencias.

No podemos ser cristianos sin cumplir con la doctrina social de la iglesia porque es una doctrina fundamental de Jesucristo.  Debemos promover el amor y la justicia, y en presencia de la indiferencia, la injusticia y la violencia debemos ejercer la denuncia en defensa de los derechos ignorados y violados, especialmente de los derechos de los más pobres e indefensos. La cuestión es: si soy verdaderamente cristiano, ¿cumplo con esta doctrina de Jesucristo?

 

Abogado, periodista y escritor
www.adolfomirandasaenz.blogspot.com

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